Y que no te extrañe ese momento en

el que suelte mis manos de tu alma

y corra tras el atardecer dejando arrastrar

el alba sin que pase por la luz de mis ojos.

Y que no te extrañe que el tiempo de mis pasos

dediquen los minutos al viento que no sopla

de tu corazón ni llega a tocar tu aroma.

Y que no te extrañe que mis labios se

humedezcan con la caricia de la brisa de

otro mar donde los sentimientos

dejan de ser miserias para rogar.

Y que no te extrañe que mi esencia

tenga la fuerza para despedir ese perfume

impregnado en mis entrañas con un olor

supuestamente inarranclable.

Y que no te extrañe que sea otra la noche

que sostenga mis desvelos y convierta

en sueños mis anhelos…