Vuelo 815

Voy a 35000 pies de altura, tomando un ron con coca, pensando en escribir una carta a mi esposa, pero hay algo que desvía mi mirada, un imán que atrae mis ojos: la blusa con escote amplio que la chica de mi lado viste como las alas visten a un arcángel.

Figuras abstractas adornan ese par de presunciones. Verde, naranja, blanco, violeta y negro, un multicolor perfecto. Su piel clara se asoma como un susurro en la noche, como la luna en un día sin nubes, sugerente.

Estoy cansado de buscarla de reojo, de intentar leer un párrafo del libro que tan cautivamente la posee y que arranca un pequeña risa contenida. Alcanzo a ver una siglas, JMF y JS, supongo una divertida entrevista, como la que nunca tendré yo.

Quiero un poco mas de ron para atreverme a tocar su hombro con tan solo las yemas de mis dedos, y preguntar su nombre, o quizás un cuento. Decirle que soy un tonto y que mis manos se manejan mejor que mis labios cuando de hablar se trata.

Ya no se si es la altura, el niño que grita, la falta de alimentos o la conciencia, o quizás un poco de todo lo que hace que mi cabeza este por explotar aun con mis sentidos desesperados por escalar el cenit, la gloria, de su par de senos al descubierto, al menos en mi imaginación.

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