Una madrugada.

Deje un mensaje en su grabador,
hace semanas que se yo.
Al abrir mi inconsciente
no hubo respuesta alguna,
no valieron de nada las copas de más.

Ella estaba ahí,
llegaba apurada se tenia que ir,
pedí quédate un rato
la luna aun esta en lo alto,
se negó tres veces.

Ya no le di importancia,
era su decisión,
mientras platicaba con mi vecina
la luna de lugar cambio,
entre algunas botellas, sal y limón.

Me di cuenta del sistema
de lo que tenía que esperar
mientras observaba unos ojos verdes,
el cancerbero rugió sin piedad,
entre risas y relajo ya se porque no se va.

Y así las horas pasaron
entre sonrisas y miradas,
entre esperar y no esperar nada,
la madrugada perdía su fragancia
se ofreció a llevarme, nada más.

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