Puntos suspensivos v2

Tomé dos cervezas mientras hacía el amor en el sillón, y me quede pensando si vale la pena viajar de la mano con putas al seol. La conciencia está vetada en estos tiempos, y los tabúes son parte del imaginario colectivo, pero los principios que me enseñaron están presentes en la cotidianidad de esto que se empeñan en llamarle vida, aunque sea una contradicción.

Pensé que la caricatura del día me llevaría lejos, a donde la imaginación pinta oleos abstractos, alternativas sin fin, esperaba que al salir el sol por una esquina del cuadro la bruma se disipara. La realidad es que con los momentos de soledad, lo libros leídos a medias, los escritos que se quedan en la cabeza, los espejos disfrazados de quimeras, el juego de vivir tiene minutos que las malas memorias no deben olvidar.
Si nunca hice caso de un consejo, si me pareció exclusivo aquel club de santidades, si me colgué la etiqueta de anarquista, es porque mi albedrío tiene límites extensos. Etiquetado de loco, inhumano, falso ángel, inmolado en el altar de la sociedad que ruega por vírgenes en vena, me cortaron las alas después que corte los hilos, cuando luche por el amor que no busca besos, y que paga a fin de mes con efectivo. Nunca pedí nada, regalé lo que dejaron las apuestas, dejé las calles adornadas de palmeras, mi casa es un colchón sin quejas. Con un poco de suerte, haré una fiesta con alguna oferta que no puedan rechazar, con música que describa los infortunios del destino, y un borracho que declame las promesas que no cumplirán.

El mensaje en el teléfono fue más excitante que estar desnudo acariciando esa enredada cabellera, más que esa boca fría que enmudece húmeda en mi entrepierna. Tuve en mis manos esa vacía sensación de que al final, estaría en el mismo lugar, buscando entre las sabanas algún indicio de un buen polvo. Después de dos besos con sabor a barro, del fuego que quemó las ilusiones, de la vanidad que deja un orgasmo fingido, del egoísmo impuesto, preferí esperar y guardar silencio, desnudo en la banca del jardín, oliendo las bragas de la luna llena.

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