Previo

Perdiste tu brio ayer cuando me dejaste plantado en la puerta de un concierto, decidiste mirar al futuro en un embudo frugal de un blanco y negro destino, decidiste jugarle a la suerte la peor de las despedidas. Perdiste las tardes de sol en las noches de lluvia, las primaveras de flor en frios inviernos, el agua que busca en el desierto el errante explorador sediento de nuevas experiencias.

Aquella noche no te esperaba más que las rimas sonoras del mar, quizás unos cuantos cumplidos, quizás un beso robado rozando tu mejilla, quizás la mejor mentira de terminar el día, quizás, un quizás de las campanadas del cielo. Quizás el pan de trigo y el centeno de cada sonrisa, quizas un gato fiel a su tejado, quizás el olvido sin alcohol de canciones pop sin sentido.

Despreciaste la rosa secreta con espinas de lima, el tiempo que pasa sobre mi calavera, las arrugas del café y la insana manía de olvidar. Despreciaste las llaves de la casa del árbol, tu quilla en el lecho de estambre, el libre placer de tomar por sopresa un desayuno en la cama. Las frases ocultas en el espejo del baño, los arpegios que forman en tus costillas mis manos, la bisutería del amor.

Se que las notas al pie de tu ventana maquillan el oscuro de tu ojo, se que los mensajes en el aire no te son indiferentes, se que sabes que las costumbres locales son más que puntos a favor del equipo de casa. Se que en mis delirios de persecucion, en la huida ruin de los deshechos de sal, puedo hacer que la fe se regocije con la lealtad, y que el tono gris de la paredes y el moho de los rincones sean solo cicatrices indelebles del pasado.

Se que tus pretextos son las ruinas del templo, los estragos que quedaron de mi andar andariego, la moneda al aire que canta el doble o nada, los vicios en bocanadas. Las jugarretas del destino que cuentan los daños, las madrugadas del porvenir en el sin fín de la espera, lo intrínseco de las damas de piso, los medios zapatos de hule y un par de discos que no dejaran de sonar.

En cada intento de reciclar los pantalones viejos y la camisa rota, el sombrero gris y la cota de malla, se encargan los falsos profetas de convertir las sonrisas en oro y las lagrimas en plata, los sueños en extraños billetes de quince y cuarenta, una casa en el castillo frio de la reina mala.

El viento se encargara de llevar los secretos que mi corazon se niega a aceptar. El mar de terminar ahogado en el fondo de un papel sin aliento. El ding-dong de tu presencia en el eco simple al pronuncia tu nombre en mi cabeza. La vida me juega la extraña movida del placer y el sufrimiento, de que sigamos siendo amigos, ¿pedirte que me quieras es demasiado?

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