Ordinaria rutina

Cansada del bullicio, de las voces de la ciudad
el llegar a casa es un oasis el silencio.

El tintineo de las llaves aterrizando en la barra
incia la rutina que provoca las ansias de hundirme en el sofá
dejar el bolso en la silla, quitarme las botas y acurrucarme entre almohadones
esperar que pase la penumbra de las soledades.

A lo lejos se oye la banda tocar, una y otra vez la misma canción
y los ladridos cada vez que pasa alguien por la cerca de, supongamos que se llama Lola.

Recostada, con los ojos cerrados
me repito lo mismo que casi todas las noches
“hoy me dormiré temprano”, pero nunca pasa
el himno nacional toca la puerta antes que Morfeo.

Por mi cabeza deambulan miles de cosas
debería haber un botón para apagar pensamientos
se que los planes se olvidan con la luz de la mañana.

He llegado a la conclusión de que necesito un gato,
un perro u otro ser vivo que sirva de basurero intelectual
me he descubierto más de una vez hablando al espejo
cualquiera que escuche me llevaría directo al loquero.

Y no es que sea raro platicar a solas
lo malo es pelear y hacerme “la ley del hielo”
y que mi otro yo reniegue por tan injusta ley
solo le falta exigir un abogado de oficio.

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