Octubre

El despertador no ha sonado. Me doy cuenta que mi teléfono (que tiene también la desagradable función de advertir que el día llego) se descargo en la madrugada. Ahora tengo que apresurarme para no llegar más tarde al trabajo, pero el dolor muscular no me lo permite, es como si hubiera sido victima de un atropellamiento o una guerra en mis sueños, vestirme se ha convertido en una verdadera proeza, que decir de calzarme las botas, 18 hoyos, una barriga, un nudo, un suspiro y listo. Lo que en realidad causaba tal malestar era producto de la desequilibrada noche anterior, que entre cerveza, rock y sexo me habían mantenido ocupado, y que dormir en el piso nunca ha sido una adicción, como la cerveza y el rock y el sexo. Primero la cerveza, luego el sexo, con rock.

Es lunes, y no soy el único que sale de prisa. Mi vecino un poco mas despierto sale de su casa sin cerrar la reja detrás. Parece padecer de lo mismo: el despertador muerto, o la misma adicción.

La mañana me recibe con una hermosa luna llena, en pleno amanecer. Erguida como anunciando buenas nuevas, en un cielo azul grisáceo, aunque quizás lo grisáceo es porque mis ojos aun no se adaptan al fulgor del sol. Me acompaña con una sutil mueca, y un guiño de pasarela. Todo el camino sin decir una palabra, solo su mirada coqueta. En primera instancia vuela por mi lado izquierdo, tengo que verla de reojo que no deja de observar como la miro. Y nos miramos, cuando la tierra en su rotación gira la tengo frente a mi, dándonos los buenos días intercambiando sonrisas. Segundos después, se torna temerosa, desafiante, y ya no coincidimos. El retrovisor me indica que su dueño llego. Celoso me busca dejar ciego, intento desafiarlo con un par de escudos para mi vista, polarizados. Ha enviado tras de mi fantasmas en mis espejos, siguen el rastro como perros al acecho, con su par de ojos sin pestañas y su piel de fuego.

La realidad es una extraña que nos golpea de prisa, me olvido de la persecución y veo el reloj. Tengo que apresurar mi huida si quiero ganarme el bono de puntualidad que nunca obtengo. Estaciono mi carro, que hace unos minutos convertí en una poderosa nave intergaláctica a la defensa de una princesa blanca en apuros, y camino un par de cuadras antes de llegar a mi destino.

Desacelerando el paso, la sombra me cobija con un ligero viento, fresco, y un aroma que alerta mis sentidos, es la bienvenida al paraíso que mi mente se empeña en crear. Ahora todo es mas claro, la bruma se ha disipado, y respiro la fragancia de alguna flor desconocida, de una extraña humedad en el concreto, algo sutil, nada perverso.
Un par de minutos intensos, de gloria. Ideal antes de tomar las actividades diarias de un lunes de trabajo.

Octubre me recibe así de intenso, provocador. Buscando dejar huella como en todos los anteriores. Octubre promete, y ya dio sus primeras muestras con nombres propios, adelantándose una semana. Octubre esta aquí. Veamos que tiene para ganar o perder.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.