Mariana quiere vivir

Recuerdo perfectamente aquella tarde
Inusual que hubiera frío en primavera
Un frío que calaba los huesos
Que penetraba por los poros de la piel

El rostro de Mariana no era el de siempre
Esta ahí, pero estaba ausente
Hizo sus cosas casi en automático
Balbuceo un par de palabras nada más

Nadie noto que Mariana actuaba diferente
Todos a su alrededor estaban metidos en su rutina
No se dieron cuenta que en sus labios esa tarde no hubo sonrisas
Y que sus ojos no brillaban como ayer

Salió de la librería poco después de las cuatro
Olvido el abrigo colgado en la parte trasera
Sus mejillas blancas se tiñeron de rojo
Sus manos eran témpanos de hielo

No tomo el autobús a casa
Decidió caminar hasta su departamento
Ubicado en el octavo piso
De un edificio viejo y maltrecho

Subió las escaleras sin prisa
Como si contara cada escalón
Acariciaba con sus dedos la baranda
No era su costumbre tomar el elevador

Al abrir la puerta su gato la esperaba
Se paseó entre sus pies y restregó su obeso cuerpo
Le dio de comer una lata de sardina
Un pequeño festín para Don Filemón

Preparo la tina con agua caliente
Puso un acetato de Janis en la consola
Se despojó de su ropa
Y se sumergió un par de minutos bajo el agua…

Llevaba un vestido de fiesta que acentuaba su silueta
Sus cabellos negros bailaban libres en su espalda
Puso carmín en los labios
Y camino descalza hacia el umbral

Llego a un obscuro y mal oliente puente
Subió a lo más alto, justo sobre la avenida
Veía ir y venir coches a alta velocidad
Respiro profundo y decidió saltar

Su cuerpo yacía sobre el asfalto
Un charco de sangre la empezó a rodear
Su bello rostro quedo intacto
En sus manos se encontró un papel que decía VIH positivo.

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