María

Solo algunos días para el fin del mundo, y jamás te conocí. Te veía en mis sueños a lo lejos, algunas veces de perfil, sonreías de las pequeñeces de la vida, invadida por una luz angelical, suspendida como una estrella en el universo. Nunca me encontré con tus ojos, aunque me podía perder una noche entera bajo tu blusa, escurriéndome como una gota de agua perdido entre tus caderas. Otras veces vi solo tu espalda descubierta, donde alguna vez tuviste alas, con tu cabellera negra ondulándose con el viento que me despertaba.

Apenas tocaba tu piel con la punta de mis dedos y te desvanecías, teletransportada al país de los imposibles. Te volvía a buscar despierto, unos segundos antes de recobrar el juicio, aprovechando cada oportunidad que me daba el tiempo. Con el paso de los años fue más difícil encontrarte, la vida y sus ocupaciones se hicieron cargo y no dejaste ni una nota, ninguna dirección para ir en tu búsqueda.

A veces por la noche, cuando estoy solo pienso en ti. Intento dormir y me decepciono cuando no logro traerte de regreso, aun gritando los cientos de nombres que te di. Tengo que conformarme con apenas esos susurros bajo el manto negro de la noche, esperando respondas detrás de la puerta, donde todo suele suceder; o te hospedes en la casa de al lado, para irte a buscar a medianoche por el balcón, y meterme una vez más a tu cama, esperando que esta vez no despierte y no te esfumes como bocanada de este dios que me castiga.

4 thoughts on “María

  1. me encanta como escribes:
    Otras veces vi solo tu espalda descubierta, donde alguna vez tuviste alas, con tu cabellera negra ondulándose con el viento que me despertaba.
    cuando estoy solo pienso en ti. Intento dormir y me decepciono cuando no logro traerte de regreso, aun gritando los cientos de nombres que te di.
    y como describes deseos de media noche

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