Lo que no podre olvidar.

Era de noche,
de noche clara y serena,
Júpiter y venus se alinearon para verla,
la ciudad con su bullicio
no interrumpió la marea.
Había tres cosas por hacer
y ninguna de ellas sonaba bien,
te llevare a un lugar
que tengo tiempo sin explorar,
subimos la cuesta
sin saber que parte era,
te conté historias de media noche,
de mi pasado y mis condenas,
y aunque aun no eran las doce
los demonios comenzaban a jugar.
Te recargaste en mi,
mientras te empezaba a seducir,
tu oreja fue el blanco,
tu boca el manjar de este Caín;
y así la carretera nos guio
a cualquier estación,
solos tú y yo
en aquella mansión,
con el preámbulo de besos,
agüite tus caderas,
tu corazón era mio
sin tormentas.
Suavice mi intención
te prepuse que no
mientras pedias un poco mas de pasión
deje que mi boca hiciera el trabajo
cuando mis manos te tomaban despacio,
bajando algunas pulgadas,
debajo de las sabanas
te encontré.
Los minutos parecieron horas
y la eternidad se comparo con la nada,
estábamos ahí,
sin prisas,
con ilusiones,
en un desborde de pasiones,
sintiendo tu manantial desbordarse en mis manos,
mientras tu cuerpo en una expresión de entrega total
me invitaba a pasar.
Te acaricie,
te tome,
pasó a paso
cada espacio,
y viví,
lo que no podre olvidar.

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