Linda

Esa noche, deseaba sus labios, aunque quizás era su voz en la línea telefónica la culpable de mis pensamientos lascivos, ese tono de mujer fatal que atraviesa la corteza del cerebro con caricias electromagnéticas. La escuchaba con atención, no paraba de hablar del sueño que acababa de tener.

– Bailaba en una mesa de billar, semidesnuda, la música experimental servía copas de combustible al corazón. Un espejo de frente observaba solemne el sensual movimiento en mis caderas, con ojos que colgaban como luciérnagas alrededor en rostros desenfocados. El confeti era una lluvia suave de colores, las gotas de sudor se estrellaban en los muslos en una explosión orgásmica.  Al sentir una mano en la pierna, di un salto y la canción se congeló, había humo en todas partes, un aroma a viejo, y un montón de billetes en la alfombra verde. Atemorizada busque algo con que cubrirme, solo encontré manos que intentaban tocarme. Cerré los ojos y grite. Al abrirlos segundos después me descubrí sola, con una luz en mi cabeza, una lámpara que apenas alumbraba. Me senté en flor de loto, sentí en mis nalgas la suavidad del terciopelo, la soledad me brindo el amparo que necesitaba. Escuche mi respiración agitada, recordaba la melodía y podía sentir en la piel la excitación, recapitule en las manos que intentaban tocarme y ahora que no estaban, las imagine en un naufragio en el mar de mi cuerpo. Me desborde, como un rio en lluvias de invierno, y desperté.

– Ya se que no soy el que fui, y por eso no miento al decir que me encantaría ser las manos que van hurgando bajo tu vestido talar.

El otro lado de la línea enmudeció, el tiempo se envolvió en una burbuja rígida, fueron segundos que terminaron con un gemido ensordecedor. Linda se masturbaba sin poder contener su agitado estatus corporal, exorcizada se dejó llevar.

– En breve, necesito que cruces la calle y toques mi puerta, puse las palabras en su boca. Dejé colgando el teléfono y corrí, tropecé con los libros que dormían tranquilos en la recámara, olvidé cerrar con cerrojo la puerta del patio, brinque la cerca de su casa, abrí con desesperación, subí las escaleras, la encontré en la cama, desnuda, dormía como un lirón.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.