La última estación

El reloj no marca la hora para decir adiós
me aferro con uñas y dientes
en el sillón almendra de la estación.

Veo correr sin miedo
a los hijos de mis nietos
a pesar de solo imaginar sus risas,
la canción hace rato que terminó.

En sus ojos hay arrugas de mi reflejo,
un viejo soy,
cuando sus manos tocan las mías
es una bendición.

ya mi cabello se pintó de luz,
ya la mente me juega en desvaríos,
es la triste decadencia que me alcanza.

El día que la cabeza me traicionó,
vomité sangre que en otros tiempos
se aventuró en viajes de polizón.

No me faltó pan al apostar
en una mesa de cartas o de dominó
diferente suerte me dio el béisbol
solo un par de glorias sin emoción.

No quiero comer papillas
no quiero más medicinas
quiero el amor en un beso en la mejilla
y una sonrisa agradecida
de quién le di la vida
quién me cuida hasta el fin.

No te vayas nunca abuelo.

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