Las piedras rodando se encuentran

Solía llegar a casa y correr para buscarte aunque se que tu madre odiaba cuando tocaba a tu puerta gritando tu nombre. Hablábamos de todo y a la vez de nada. Escuchabas como si mi vida tuviera algo de interés, no era más que un niño siguiendo sus instintos.

Tenías las palabras adecuadas, las que menos esperaba. Eras un poco dura cuando la duda se reflejaba en mi cara. Siempre agradecí tus consejos aunque lo confieso, nunca los seguí. Me importaba más tu negativa para abrir mi panorama de las cosas. El nunca estar de acuerdo conmigo me hizo crecer.

Enmudeciste cuando me señalaron con el a ti nadie te quiere. Algunos años después me confesaste que estuviste a punto de decir que tu si. No hice más que sentenciar un lo sabia, pero te entendí. Una rosa puede valer incluso más que un ramo entero olvidado en la mesa. Tarde en volver a regalar una flor después de tu graduación.

Siempre te quise, pero te tuvo mi amigo. Sabes que soy muy leal y ante eso no se puede fallar, lo supe desde el principio, eras el mejor amor de mi mejor amigo y contra eso no hay demonio en mi cabeza. Cuando solicite autorización para verte de una manera diferente, se que no te era indiferente, pero te asustaba mi postura ante el mundo, querer siempre ir contra el viento suele causar un poco de miedo. Además decías que a mi todas me gustaban, no estabas equivocada, me sigo postrando ante la belleza con reverencia.

Me exilié demasiado pronto, me dejé llevar por la deriva demasiado tiempo. Cuando volví me esperaba tu sonrisa, pero tu corazón ya no era tan mundanal como el mio. Cambiaste y sentenciaste que nadie podría quererme con mi estatus de padre y con la letra A dentro de un circulo tatuada en el pecho.

Nunca fue mi lado fuerte la religión, me recriminaste no ser buen amigo por no seguir lo que otros dicen de tu dios y no impulsarte en tu intento. Lo mío siempre fue más seglar que espiritual.

Dejaste de involucrarte en mis dramas, te reías de ellos. Te odié por eso sin drama, solo en mi pensamiento. Me obligaste a mantener mi boca cerrada, solo decir lo necesario para alejarnos.

Se que tuviste amigos mejor que yo, no te podías conformar con un loco borracho demente como un servidor. En tus visitas a la ciudad quise un poco de trato personal, nunca te diste el tiempo de recordar.

Las últimas veces que vi habías perdido el brillo, aunque solo a mis ojos. Ante los demás seguías siendo Elenita, con ese diminutivo que nunca me gusto, rima con tontita y tu nunca lo fuiste.

Fuimos los mejores amigos, ahora somos unos extraños, y me gustaría alguna vez decirte cuanto te extraño, y que siempre te recuerdo con esta nuestra canción:

compartimos el mismo anhelo, compartimos el mismo cielo,
compartimos el mismo tiempo y el mismo lugar,
fuimos parte de la misma historia, ibamos en la misma prepa,
yo siempre fui una lacra y tu eras el cuadro de honor.
encendimos el mismo fuego, competimos en el mismo juego,
compartimos el mismo amor y el mismo dolor,
la vida nos jugo una broma y el destino trazo el camino
para que cada quien se fuera por su cada cual.

las piedras rodando se encuentran, y tu y yo algún día nos habremos de encontrar,
mientras tanto cuidate y que te bendiga Dios no hagas nada malo que no hiciera yo.

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