Hurgando en viejos sueños.

Reconocí su voz aquella noche,
mas ya no era la misma de ayer,
le abrace sin ningún reproche,
su gran sonrisa me lleno de placer.

Le invite un café hoy por la tarde,
acepto sin prisa con sus ojos de miel,
le note la dulzura que guarda el pasado
sin sentir siquiera un poco de hiel.

El reloj del trabajo caminaba lento,
el café de las once parecía de ensueño
la campana suena y ya estoy que vuelo,
buscando los sueños que alguna vez soñé.

Cuando le mire llevaba un niña en brazos,
preguntando si ya estaba listo, me sorprendió esta vez.
Suben a mi auto que linda niña es, lo saco de su madre.
Con orgullo responde ya lo sé.

Llegamos al café pidió un capuchino y un poco de leche también,
mi café fue negro y no muy caliente,
mientras nos sentamos a ver el horizonte,
la pequeña jugaba con la arena en sus pies.

Platicamos de los sueños que se cumplieron,
de los juegos que con el tiempo quedaron atrás,
mientras cargaba a la niña mire su alegría,
no sin antes dejar una lagrima escapar.

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