Entre caníbales.

La luz en los espejos se consumió, las cortinas perdieron color, así, con un tierno beso arranco la noche. Le siguió el click del botón de play en la grabadora, y las sugerentes notas musicales que servirían de guía en la odisea que es comer la piel humana.

Se aproximó con su cuerpo electrizado abriendo un botón de su blusa en cada paso, sin un parpadeo se adueñó del tiempo, de mis manos recorriendo su cuerpo.

Se reproducía una y otra vez la misma canción, llevar el ritmo con el sabor de sus pechos en mi boca fue el mar que moja la piel en un día desierto. Embalsamados de caricias y besos, moríamos en cada arremetida, se perdía la vida, se ganaba el infierno, y la gloria era volver a vivir en cada ciclo.

Toda esa noche jugamos a morir, aprendiendo que respirar es adictivo.

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