En Homenaje

“Las letras también saben llorar y si hoy te pierdo y no pido disculpas y no digo adiós es por que no pretendo lastimarte más, prefiero no saber de ti en lo que resta de esta vida y aunque hubiera unas cuantas demás…”

Con sarcasmo acaricio mi mejilla
me quema la oscuridad de ese beso que no pude responder
reviso el libreto pero no encuentro cabida
los reproches solo juegan como fantasmas
mientras yo te observo y me culpo de ser tan ciega
tan volátil que no dudé en instalarme sin cuidado y en traspié.

Emprendo un monólogo
mis labios no dejan de temblar y siguen entumecidas las manecillas
mientras avanzo tan lento y tan de prisa
con la sombra de ese intento de beso
que viste de carmines y pedazos de papel,
con la lágrima puesta en cada letra
en la tristeza de las pupilas que no supe leer.

He dado vueltas en desvelo,
sin respuesta aparente para tanto celo
de amarme en tan profundo silencio,
de acariciarme en cada señuelo,
y aun mirarte bajo la luz de la luna
bañada de ignorancia sin guardarme el dolor ajeno
consigna que inmortalicé en cada te quiero.

No hay manera y no descubro disculpas
de no quererte como tus labios responden a mi piel,
con la única verdad, tan frágil, tan débil,
tan torpemente expuesta el día de ayer
solo la distancia hubiera sabido de enmiendas
para congelar la amistad y dejarla para después,
pero nada me contó el egoísmo de tener a tan perfecto amigo,
solo jugó el peor papel.

No entendí cuando me juzgabas por juzgarte
por tu frialdad, por vacilar con la debilidad,
por menospreciar la belleza de unos ojos enamorados
hasta confiscados por la tontedad,
pero los murmullos afirmaron y nunca pediste mi opinión
no tengo un corazón digno de merecerte
pero está lleno, y solo él lo somete con solo verme.

Nunca fue tarea tuya escuchar mis chistes y darme la contra
abrazarme aunque huyera como si no tuviera miedo
aconsejarme cuando me vestía la desdicha del amor
o ser mi cómplice en coqueterías que lance a uno que otro postor
es solo que la poesía nos abrazo a los dos,
y en conquistas y enredos nunca leía entre líneas
el motivo de estar siempre listo
de estar siempre cerca, con las manos tan vacías
que nunca dudé en querer llenarlas de mis caprichos y sonrisas.

No hay culpa que te alcance
ni los reclamos ni los gatuperios tienen ahora color
solo debes saber que daría la existencia por repetir
y no conocerte si mis manos frías solo marcarían heridas,
y si encuentras culpables no busques al corazón
la falta es mía,
no me alcanzaría la vida para rectificar el error
por tan estúpido descuido, por no verte con ojos de amor…

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