El paraiso en un instante.

Acerté a la diana esa noche frugal,
noche templada
que fue consagrada,
mientras los niños jugaban en el jardín.
Todo era jolgorio risas y juegos,
en lo alto silenciosa y brillante
la luna estaba ahí,
mientras se tumbaba desfallecida.
En el callejón solo los ecos llegaban
mis palabras disfrazaron el lenguaje
mientras con mis manos
tendían de savia y alivio las redes del pecado.
Por su cuello desnudo y pueril
mis dedos empezaron a dibujar su silueta
descendiendo por sus brazos delicados
y entre la disyuntiva entre detenerme o seguir…
Gano mi corazón aventurero
sus caderas se estremecieron
mientras descendían sus braguitas de algodón
ahí a una distancia no muy lejana
el himen de lo prohibido se desprendía
mientras dos ojos verdes
juzgaban sin decir más
mientras bajaba el telón de sus caderas
silencio
ni un murmullo
ningún no como reclamo entrecortado
y le bese mientras mis dedos se hundían
en la humedad de entre sus muslos
sentí su respiración balbuciante
mientras bebia de su agridulce y suave licor
la luna nos miro desde lo alto
y vi su rostro terso y rojizo,
delirante,
abierta como orquídea susurrante.
Deseosa de conocer más
el paraíso en un instante.

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