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Cada día despierto pensando en ti, y no puedo (aunque nunca lo intento) dejar de hacerlo. Es un poco la culpa, la vergüenza de aceptarlo me carcome, pero también se que nunca he querido tanto. La frontera que nos divide tiene alambre de púas y guardianes que no me dejan tranquilo, son como sanguijuelas. Espero el momento que me cruce en tus ojos, y me sonrías como la primera vez que estuviste en mis brazos. Porque te necesito, y te extraño. Mi corazón que es tuyo lo mantengo intacto aunque a veces me olvide de quien soy.

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