Cuenta regresiva

He llegado hasta aquí, a este cuarto hermético de un hotel en ruinas como mi alma, para darme cuenta que mi destino está lejos de ser el que me prometieron al terminar la escuela de derecho. Tengo tres días sin rasurarme, costras en el corazón, y arrugas en mis ojos. Dos días sentados en esta maldita silla frente a una mesa roída por el tiempo, el asesino que no entiende de sacrificios. Una disyuntiva: la vida o la muerte.

Si escojo la vida seguiré matándome lentamente con el cigarro que se aferra entre mis dedos, inyectando furioso su veneno, lo siento en los pulmones, en las venas. Inhalo y reboza de júbilo, con ese rojo que aviva la ironía, infecta por centímetro cuadrado. Cada bocanada me recuerda lo frágil de mis sueños, creí poder convertirme en un padre ejemplar, en un esposo abnegado, en el amo del can en el espejo, no soy mas que un títere colgando del cielo con cadenas, un bufón, el payaso que jugo a hacerse rico tronando los dedos. Aspiro el humo y lo dejo ir, como se fue el dinero, la casa con alberca, los lujos…la esposa… los hijos. Quizás nunca tuve nada y solo soy la ilusión de un vagabundo que por las noches hurga en los basureros buscando la gloria en los huesos de un pollo frito.

Lumbre, traición, el cenicero que fue mi único amigo es el primero en caer, ahogado entre su mugre. Se traga las colillas del olvido. Mudo se va muriendo en su propio vómito, las cenizas que no se lleva el viento. El humo es el gigante en esta habitación, conozco sus garras, la fuerza con la que aprieta el cuello, me sofoca, me tiene preso.

Tengo sed, mis labios son un desierto, mi lengua una esponja de cianuro. Lo único fresco en mi boca es el metal que enfría mi garganta. Lo he intentado tres veces en la ruleta rusa, he tocado la puerta una y otra y otra vez y nadie ha respondido. No encuentro la combinación correcta para girar el tambor, jalar del gatillo y que el click haga un boom en mi cabeza, que me alivie de este dolor que me habla de tu, la soledad, la asesina de mentiras, quien se apiada de fantasmas que buscan comida.

Quizás la solución está en dejar de fumar, quizás el creador en su testamento dejo que puedo morir al colapsar mi sistema respiratorio cuando se termine el poco oxigeno que queda.

Solo escucho el silbido en mi respiración. Tengo 33 años, como Cristo en la cruz. La noche es un misterio, los gatos lloran, los lobos cantan melodias de muertos.

Si he de escojer la muerte he de cambiar lo escrito, ¡verme de cara a dios y dispararle en la frente!, como un gatillero del viejo oeste, como aquel sueño que tuve de pequeño donde era el comisario en busca de tipos como hoy. El revolver es una extension del cuerpo, ¿porqué no he de acabar de una vez por todas con esta miseria?

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