Conjuro

Mi alma fue vendida a una luna crepuscular, esa imagen particular con luz que ciega la mirada, noche blanca que busca retener la gloria del contratiempo en sus ojos.

Un calor suicida se desplaza con la memoria de su fragancia, la sangre tiñe de humo lo que quema, arrastra el hollín de mis venas, da muerte y arrebata evidencia difusa.

La casa del recuerdo se ha vuelto entre telarañas lo habitual, tocar su piel es una obsesión malograda, inunda de dudas la realidad, espera lo peor cuando inicia el fuego de la hoguera.

Le han quitado las manecillas al reloj, mi sombra se extravió en el espejismo del tiempo al buscar perfumes de mujer, ahora cuesta tratar a la flor con indiferencia.

Sé que nunca te vera igual que un barco encallado en la orilla de la verdad, en ruegos, o con el ruido de un cementerio en lucha por la libertad.

La pesadilla puede durar lo que el vacío de la ausencia, es un desafío en el jardín de las rosas.

Quizás sea solo muerte cerebral las migajas de nostalgia, algún conjuro de chaman para el fin del mundo, condenado a recordar.

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