Humo rojo

Ayer me paré frente a una desconocida. Cantaba y bailaba como llevada por el viento. Le daba de comer a su gato, le acariciaba la espalda, le hablaba de cariños y besos. No me pude detener en su mirada por miedo a caer preso de su rabia.

Cuando se acercó, primero una bofetada, después me acuchilló el corazón, y luego vino el vacío, el silencio recorriendo mis venas. Cuando me di cuenta estaba en el piso con un diente a dos metros y la mitad de la cara cubierta de rojo, sentí algo salirse de mi cuerpo. Con su risa a carcajadas presumía sus largos colmillos, la ciudad la convirtió en vampiro para exprimir el alma.

Se largo con el caballero de buenas manos que cura la espalda, el maestro del cigarro que cuenta las mejores historias del barrio. No importó el Jack reciclado, ellos brindaron con un red label, fumaron un poco de la pipa, un poco del cenicero, juntaron sus labios y sus cuerpos, se perdieron en el deseo, en la bruma y en el humo, mientras la noche se despedía y el día daba los buenos días.

Me he visto en el sofá tratando de recapitular mientras mi hijo me pregunta si el destino de su mamá será el infierno cuando muera, pero ya no quedan lágrimas para responder. Todos somos malos de alguna manera, respondí. El infierno también tiene buenas personas.

Ajenos

Sobrevivo gracias a tu nostalgia
en algún recuerdo donde los tiempos eran lo mejor
abrazarte bajo la ropa, indignada y encantada
cuando el espejo se confundía con dios.

Los instintos también envejecen.
Pero tenemos la sabiduría que los compensa. No refines tu gusto por la poesía, visítame un día de brujas.
Sigues siendo un loco.
Es mi encanto. Cerro el libro y se fue.

La confesión

Entretanto Rosario, con el corazón hecho pedazos, sin poder llorar, sin poder tener calma ni sosiego, traspasada por el frío acero de un dolor inmenso, con la mente pasando en veloz carrera del mundo a Dios y de Dios al mundo, aturdida y medio loca, estaba a altas horas de la noche en su cuarto, puesta de hinojos, cruzadas las manos, con los pies desnudos sobre el suelo, la ardiente sien apoyada en el borde del lecho, a oscuras, a solas, en silencio.

Cuidaba de no hacer el menor ruido, para no llamar la atención de su mamá, que dormía o aparentaba dormir en la habitación inmediata. Elevó al cielo su exaltado pensamiento en esta forma:
—Señor, Dios mío, ¿por qué antes no sabía mentir, y ahora sé? ¿Por qué antes no sabía disimular y ahora disimulo? ¿Soy una mujer infame?… Esto que siento y que a mí me pasa es la caída de las que no vuelven a levantarse… ¿He dejado de ser buena y honrada?… Yo no me conozco. ¿Soy yo misma o es otra la que está en este sitio?… ¡Qué de terribles cosas en tan pocos días! ¡Cuántas sensaciones diversas! ¡Mi corazón está consumido de tanto sentir!… Señor, Dios mío, ¿oyes mi voz, o estoy condenada a rezar eternamente sin ser oída?… Yo soy buena, nadie me convencerá de que no soy buena. Amar, amar muchísimo, ¿es acaso maldad?… Pero no… esto es una ilusión, un engaño. Soy más mala que las peores mujeres de la tierra. Dentro de mí una gran culebra me muerde y me envenena el corazón… ¿Qué es esto que siento? ¿Por qué no me matas, Dios mío? ¿Por qué no me hundes para siempre en el infierno?… Es espantoso, pero lo confieso, lo confieso a solas a Dios, que me oye, y lo confesaré ante el sacerdote. Aborrezco a mi madre. ¿En qué consiste esto? No puedo explicármelo. Él no me ha dicho una palabra en contra de mi madre. Yo no sé cómo ha venido esto… ¡Qué mala soy! Los demonios se han apoderado de mí. Señor, ven en mi auxilio, porque no puedo con mis propias fuerzas vencerme… Un impulso terrible me arroja de esta casa. Quiero huir, quiero correr fuera de aquí. Si él no me lleva, me iré tras él arrastrándome por los caminos… ¿Qué divina alegría es esta que dentro de mi pecho se confunde con tan amarga pena?… Señor, Dios y padre mío, ilumíname. Quiero amar tan sólo. Yo no nací para este rencor que me está devorando. Yo no nací para disimular, ni para mentir, ni para engañar. Mañana saldré a la calle, gritaré en medio de ella, y a todo el que pase le diré: amo, aborrezco… Mi corazón se desahogará de esta manera… ¡Qué dicha sería poder conciliarlo todo, amar y respetar a todo el mundo! La Virgen Santísima me favorezca… Otra vez la idea terrible. No lo quiero pensar, y lo pienso. No lo quiero sentir, y lo siento. ¡Ah!, no puedo engañarme sobre este particular. No puedo ni destruirlo ni atenuarlo… pero puedo confesarlo y lo confieso, diciéndote: Señor, que aborrezco a mi madre.

Al fin se aletargó. En su inseguro sueño la imaginación le reproducía todo lo que había hecho aquella noche, desfigurándolo sin alterarlo en su esencia. Oía el reloj de la catedral dando las nueve; veía con júbilo a la criada anciana durmiendo con beatífico sueño, y salía del cuarto muy despacito para no hacer ruido; bajaba la escalera tan suavemente, que no movía un pie hasta no estar segura de poder evitar el más ligero ruido. Salía a la huerta, dando una vuelta por el cuarto de las criadas y la cocina; en la huerta deteníase un momento para mirar al cielo, que estaba tachonado de estrellas. El viento callaba. Ningún ruido interrumpía el hondo sosiego de la noche. Parecía existir en ella una atención fija y silenciosa, propia de ojos que miran sin pestañear y oídos que acechan en la expectativa de un gran suceso… La noche observaba.

Acercábase después a la puerta-vidriera del comedor, y miraba con cautela a cierta distancia, temiendo que la vieran los de dentro. A la luz de la lámpara del comedor veía a su madre de espaldas. El Penitenciario estaba a la derecha y su perfil se descomponía de un modo extraño; crecíale la nariz, asemejándose al pico de un ave inverosímil, y toda su figura se tornaba en una recortada sombra negra y espesa, con ángulos aquí y allí, irrisoria, escueta y delgada. Enfrente estaba Caballuco, más semejante a un dragón que a un hombre. Rosario veía sus ojos verdes, como dos grandes linternas de convexos cristales. Aquel fulgor y la imponente figura del animal le infundían miedo. El tío Licurgo y los otros tres se le presentaban como figuritas grotescas. Ella había visto en alguna parte, sin duda en los muñecos de barro de las ferias, aquel reír estúpido, aquellos semblantes toscos y aquel mirar lelo. El dragón agitaba sus brazos; que en vez de accionar, daban vueltas como aspas de molino, y revolvía los globos verdes, tan semejantes a los fanales de una farmacia, de un lado para otro. Su mirar cegaba… La conversación parecía interesante. El Penitenciario agitaba las alas. Era una presumida avecilla que quería volar y no podía. Su pico se alargaba y se retorcía. Erizábansele las plumas con síntomas de furor, y después, recogiéndose y aplacándose, escondía la pelada cabeza bajo el ala. Luego, las figurillas de barro se agitaban queriendo ser personas, y Frasquito González se empeñaba en pasar por hombre.

Rosario sentía pavor inexplicable en presencia de aquel amistoso concurso. Alejábase de la vidriera y seguía adelante paso a paso, mirando a todos lados por si era observada. Sin ver a nadie, creía que un millón de ojos se fijaban en ella… Pero sus temores y su vergüenza disipábanse de improviso. En la ventana del cuarto donde habitaba el señor Pinzón aparecía un hombre azul; brillaban en su cuerpo los botones como sartas de lucecillas. Ella se acercaba. En el mismo instante sentía que unos brazos con galones la suspendían como una pluma, metiéndola con rápido movimiento dentro de la pieza. Todo cambiaba. De súbito, sonó un estampido, un golpe seco que estremeció la casa en sus cimientos. Ni uno ni otro supieron la causa de tal estrépito. Temblaban y callaban.

Era el momento en que el dragón había roto la mesa del comedor.
Benito Pérez Galdós.

It

ella goza de la buena lectura
un chocolate y un “monster” al despertar
es fuerte y no se rinde fácilmente
ama la puntualidad y odia esperar
con el estómago vacío es insoportable
es linda, amable y cariñosa
pero por tu bien no la hagas enojar
más de una vez ha sabido escucharme
y cuando triste he estado pregunta: “a quien tenemos que golpear”
nació el mismo día que locura
es fiel lectora, pero más que eso es mi amiga.

H.B.

P.D. Feliz aniversario Locura Transitoria!!

Despertar

Un nuevo capitulo espera en el tintero
donde se unan los fragmentos
de pecados venidos a menos
las migajas de luz con olor a desvelos
la poca esperanza
las semillas dejadas en campos de acero.

No dejará mentir la vieja tinta
en el desgastado papel
los ríos salvajes
sobre surcos en la piel
las costillas astilladas
donde se rompe la liana
y se pierde la fe.

Que el pasado teñido de rojo
como sembró despojos
también serpentinas
un oportuno despertar que anima
a sacudir el polvo de la rutina.

Miss Fortuna

Estas feliz arriba de tu barco en alta mar
al menos eso lo que dice tu postal
haces fiesta con sonrisas de papel
mascaras sin ojos que sabes usar bien

estas saliendo de la rutina de tus mentiras
sembrando hiedra en nuevas tierras
donde habitan tontos comensales
ingenuos en la mesa del desdén

intentas limpiar con besos tu conciencia
prometiendo con dulce voz fidelidad
ambos sabemos que eso no te va
estas manchada por la eternidad

no servirá de nada el jabón y el agua natural
ni orar a dios cada noche por redención
las palabras se desprecian desde la cornisa
con un suicidio al por mayor

volverás con el orgullo herido a mi guarida
bajo una cobija destrozada por lobos
no pedirás perdón
ni te sentarás en la mesa de los hambrientos

jugar contigo con una bala en el cañón
atreverse a despreciar el tiempo
miss fortuna, dispara en mi cabeza
al amanecer
después de una noche de luna llena
quiero sentir tus labios en la piel
aunque muera.

Oral 1

busco con calma en tu cavidad vaginal
los exquisitos jugos del paraíso perdido de Adán
respiro en tu venus cítrico
para sumergirme después en manantiales de paz

acelero el pulso con el roce de mis dientes
en el botón de la flor, del placer
moviendo en círculos mi lengua
en tus labios de cristal, transparente

las pinturas abstractas en el espejo desaparecen
cada vez que arqueas tu cuerpo desnudo
enemistando al universo con tu caos

el orgasmo es un alivio
un instante de viaje al infinito
cabalgando en el mar, mojándolo todo

Transgrediendo

Ayer te ofrecí placer con olvido
los mismos húmedos sueños de cama
transgrediendo en las sombras de tu alma
ir por tu piel como labios al vino

una botella de whisky en el piso
un par de vasos vacíos de jarana
el eco de nuestras voces en cana
con la música de fondo, y olvido

aquí no hay traiciones ni orgullo
ni mentiras con disfraz de cupido
las frases de amor se olvidan mañana

así no hay ni dolor ni soy tuyo
desnudos en el altar del delito
nos mira la luna de madrugada.

Para Erika

Fenix

Como un fenix de las cenizas dispersas
apareces tu beso en mi espejo
sin notas, solo tu sello

fui prófugo de tus flechas
y capataz en tu espalda
también la hice de mártir
y de asesino a sueldo

el masoquismo me llena de vida
mantiene una luz encendida
iniciar una batalla y continuar la guerra

el dia que toque a tu puerta
te confesaré algunos pecados
te besare primero los labios
hasta perderme en tu cuerpo

Sol

Un sol va por el bulevar
anclando en su pisada un suspirar
con sus audífonos evade el mundo
un millón la ven pasar
y ni se inmuta, y ni replica

rayos de luz de su cabeza
iluminan al que pasa y ve
la luz transparente de su piel
en su cara de diosa al atardecer

sabe lo que es tocar sin orquesta
andando con la sonrisa expuesta
seduciendo al viento, al mismo sol
con su aire de grandeza

al talle su orgullo intacto
con su parsimonia al caminar
erguida, inmaculada
arrogante y altiva
un sol, vestido de mujer.