Vivos

Víctima de todas tus fantasías
vivo la dicha cuando la luna es el sol
con cada bocanada, con cada caricia
con cada beso negro,
en tu manera tan delicada de ver el mundo.
Desafino, es culpable el pasado
pero atino en seguir tus ganas de dar el rol
el destino está en nuestras manos
si miramos atrás no es el final
seguimos vivos, porque morimos diario
Sabes que voy, que sigo
a pesar de los mano a mano
sin monumentos espero.
No dejes de besarme en la guerra,
en el frío, no dejes de darme cuerda
aunque sea sin razón.
Que no me detiene un copa,
ni una mano en un liguero
las tetas tienen contigo mejor sabor.

Renacer

Vuelves a renacer, amigo, hermano, profeta
que bello regalo te da la vida
hace 37 vueltas completas al sol
tu viejo sonreía por ti
el cielo te depara la mejor versión
se te nublaran los días cada mañana
al verla con una sonrisa, tumbada
a escasos centímetros de tu voz
vivirás cien años con su bostezo
mil y una noches de diversión
cada fin de semana será tu martes
y el último minuto del día para llorar
y se te nublaran los días cada mañana
al verla con una sonrisa, tumbada
a escasos centimetros de tu voz.

Sr. mio

Escribo esto desde el cuarto de un hospital y en la antesala del quirófano. Intentan apresurame pero yo estoy resuelta a terminar ésta carta, no quiero dejar nada a medias y menos ahora que sé lo que planean, quieren herirme el orgullo cortándome una pata… Cuando me dijeron que habrían de amputarme la pierna no me afectó como todos creían, NO, yo ya era una mujer incompleta cuando le perdí, otra vez, por enésima vez quizás y aún así sobreviví.
No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inmanente a mi ser, aunque sí te confieso que sufrí, y sufrí mucho, la vez, todas las veces que me pusiste el cuerno…nó sólo con mi hermana sino con otras tantas mujeres…¿Cómo cayeron en tus enredos? Tú piensas que me encabroné por lo de Cristina pero hoy he de confesarte que no fue por ella, fue por ti y por mi, primero por mi porque nunca he podido entender ¿qué buscabas, qué buscas, qué te dan y qué te dieron ellas que yo no te di? Por que no nos hagamos pendejos Diego, yo todo lo humanamente posible te lo di y lo sabemos, ahora bien, cómo carajos le haces para conquistar a tanta mujer si estás tan feo hijo de la chingada…

Bueno el motivo de esta carta no es para reprocharte más de lo que ya nos hemos reprochado en esta y quién sabe cuántas pinches vidas más, es sólo que van a cortarme una pierna (al fin se salió con la suya la condenada)… Te dije que yo ya me hacía incompleta de tiempo atrás, pero ¿qué puta necesidad de que la gente lo supiera? Y ahora ya ves, mi fragmentación estará a la vista de todos, de ti… Por eso antes que te vayan con el chisme te lo digo yo “personalmente”, disculpa que no me pare en tu casa para decírtelo de frente pero en éstas instancias y condiciones ya no me han dejado salir de la habitación ni para ir al baño. No pretendo causarte lástima, a ti ni a nadie, tampoco quiero que te sientas culpable de nada, te escribo para decirte que te libero de mí, vamos, te “amputo” te mi, sé feliz y no me busques jamás. No quiero volver a saber de ti ni que tú sepas de mí, si de algo quiero tener el gusto antes de morir es de no volver a ver tu horrible y bastarda cara de malnacido rondar por mi jardín.
Es todo, ya puedo ir tranquila a que me mochen en paz.

Se despide quien le ama con vehemente locura.
Su Frida. México, 1953.

Réquiem por un cadáver exquisito.

Es tiempo de callar
de bajar las cortinas, de soñar
dejar el barco con pesar
por exceso de adrenalina
es dinamita sin explotar.

Fue lindo zarpar
a media noche en luna llena
un viaje sin historias que ocultar
los naufragios nadie los podrá borrar
quedan para la posteridad.

Su cuerpo no puede más
fue demasiado el peso en soledad
el navío tiene que palpitar
el capitán se queda, pero se va
quizás una máscara encuentre allá atrás.

Esta noche se despide, sin mariachi, sin redoble de tambores,
con el orgullo intacto, pero el corazón deshecho
hoy pierde, para mañana ganar.

Gracias a todos los que me siguieron en este recorrido, que me conocieron a través de las letras que intento dibujar. El sabor en mi paladar es amargo y no lo puedo vomitar, y así, no se continuar. Es tiempo de callar al cadáver exquisito.

Disfrútenlo.

Para qué he vivido

Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.

Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.

Bertrand Russell