Geminis

Somos dos mundos dando vueltas en tu cabeza.
Es un viaje circular, dos en sentidos opuestos.
Me acorde de mis amantes.
Yo de mis niños.
Si fuera por mi seguiría actuando.
Son flores, son estrellas, son munditos, hermosos.
Son nuestra familia.
Son parte en nuestra cabeza.

Simplemente me gusta besar

Tratando de conseguir una presa
resulte siendo carnada para un pez del mismo color
las 3am en el reloj, vamos al bar al final de la calle
ese con banderas donde el amor no tiene plusvalía

Un poco azorados buscando una cara familiar
la chica en la pista se acerca franca y llana
“es su primera vez aquí? Podemos hacer un trío”
una propuesta poco usual, pero tentadora

Ya instalados en la mesa, otra bebida al sistema
que la sobriedad no llegue hasta despertar
chicos tocando sin malicia ni afán
sonrisas aquí, saludos allá

En la mesa de a lado la chica miraba al asiático
pero su interés estaba en alguien más
“mi amigo quiere saber tu nombre” susurre en su oído
“me llamo Olga, y mi novia Nayeli”
“carajo” maldijo, “me iré limpio de este lugar”

Yo estaba por la música y la compañía, no buscaba más
bailando sentí una caricia, “por qué me tocas así?” Reclame
la cara de asombro en mi amigo me dio la respuesta
la mirada picara de “Nayeli” me lo confirmo
una caricia más para reafirmar que había sido ella quien jugo con mis manos

Al llegar al baño note que alguien me seguía
no puse interés, es normal que los tragos te hagan entrar
habiendo tantos, quiso entro conmigo al mismo
Sonreí leyendo su intención

Secuestro mis labios con su boca
metió su lengua hasta tocar la mía
puedo asegurar que tenía maestría en besos
pudo estremecerme y hacerme sonrojar
pero ella quería más, y no me negaría a darlo
metió su mano dentro del pantalón
de manera astuta hizo a un lado la ropa interior
Sus dedos suaves y tersos encontraron el botón
hacia movimientos que me hicieron volar
Los gemidos se perdían con la música

Me invito a salir del lugar; “mi lengua puede hacerte gritar”
“Lo siento, No me gustan las mujeres, simplemente me gusta besar…”

Entre caníbales.

La luz en los espejos se consumió, las cortinas perdieron color, así, con un tierno beso arranco la noche. Le siguió el click del botón de play en la grabadora, y las sugerentes notas musicales que servirían de guía en la odisea que es comer la piel humana.

Se aproximó con su cuerpo electrizado abriendo un botón de su blusa en cada paso, sin un parpadeo se adueñó del tiempo, de mis manos recorriendo su cuerpo.

Se reproducía una y otra vez la misma canción, llevar el ritmo con el sabor de sus pechos en mi boca fue el mar que moja la piel en un día desierto. Embalsamados de caricias y besos, moríamos en cada arremetida, se perdía la vida, se ganaba el infierno, y la gloria era volver a vivir en cada ciclo.

Toda esa noche jugamos a morir, aprendiendo que respirar es adictivo.

Ada

Ada pierde un instante la voz al sentir la mano de su amigo en los límites de su cuello, el roce de la punta de los dedos provoca un cosquilleo electrizante, como si un millón de diminutas descargas recorrieran su piel.

Dos horas han pasado desde que recibió con sorpresa la visita de Daniel a quien no veía desde hace 5 años. Son las 10 de la noche y en casa todos se preparan para dormir. En la recamara de sus padres se escucha el noticiario, y sus hermanas acumulan horas encerradas en sus respectivos cuartos.

La plática ha transcurrido en un tono natural, como dos extraños que apenas se conocen. No hubo nostalgia por momentos que merezcan ser recordados, solo amigos en común con vidas aburridas y trivialidades sin sazón.

Ada da un respingo al sentir en su pecho como resbalan las garras de un animal que encontró a su presa, saboreando quizás su primer bocado. Sin fuerza trata de eludir el intento de atentar contra su cuerpo, pero no lo consigue, ya no son solo las huellas dactilares que van dejando rastro en los poros abiertos. Con maestría dos botones de la blusa han sido arrancados. Se mantiene alerta a los ruidos que pudieran venir del pasillo, si alguien consiguiera ser testigo podría ocurrir una tragedia.

El silencio en el lugar bastó para enmudecer de forma gradual ante la insistencia de las caricias. En trance, cierra los ojos pensando que se trata de un sueño clandestino, evoca los instantes que se permitió fantasear con un beso de su artista preferido. Él se atreve ir un poco más allá de las fronteras dispuestas por su conciencia.

Privada de la voz, Ada continua estática, pensando en un futuro incierto, aventurándose en una historia donde no hay soberanos ni princesas, quiere gritar, pedir auxilio, pero le inquieta saber que hay por venir en la respiración agitada de su amigo, temiendo por la dicha que le da cruzar el margen del decoro. Está en una experiencia donde los ideales y la naturaleza entran en conflicto, una lucha entre el espíritu y la sangre. El placer ha sido vetado en su cuerpo desde que tiene uso de razón, lo que religiosamente ha sido llamado pecado toca a las puertas de su cabeza con tambores y fiesta.

Apenas un susurro fue el NO que emitió cuando Daniel tomo su mano y la tendió en el bulto oculto en su pantalón, enseñando los movimientos que tendría que seguir, en intervalos dispersos, víctima de sus raíces moralistas y sus deseos quiere seguir. Su ropa interior se doblega a pesar de unos cuantos reveses, permitiendo el contacto inquieto, pero calculado, con un movimiento preciso que detiene cualquier tentativa opuesta. Intenta esquivar la mirada del asesino, pero es demasiado tarde, la inocencia murió al sentir la explosión de burbujas en su lado prohibido.

Se dejó llevar sin un beso, olvidando sus principios, sucumbió ante un arsenal de estrategias, eso que se empeñan en etiquetar como mundano, yo diría, humano.

Linda

Esa noche, deseaba sus labios, aunque quizás era su voz en la línea telefónica la culpable de mis pensamientos lascivos, ese tono de mujer fatal que atraviesa la corteza del cerebro con caricias electromagnéticas. La escuchaba con atención, no paraba de hablar del sueño que acababa de tener.

– Bailaba en una mesa de billar, semidesnuda, la música experimental servía copas de combustible al corazón. Un espejo de frente observaba solemne el sensual movimiento en mis caderas, con ojos que colgaban como luciérnagas alrededor en rostros desenfocados. El confeti era una lluvia suave de colores, las gotas de sudor se estrellaban en los muslos en una explosión orgásmica.  Al sentir una mano en la pierna, di un salto y la canción se congeló, había humo en todas partes, un aroma a viejo, y un montón de billetes en la alfombra verde. Atemorizada busque algo con que cubrirme, solo encontré manos que intentaban tocarme. Cerré los ojos y grite. Al abrirlos segundos después me descubrí sola, con una luz en mi cabeza, una lámpara que apenas alumbraba. Me senté en flor de loto, sentí en mis nalgas la suavidad del terciopelo, la soledad me brindo el amparo que necesitaba. Escuche mi respiración agitada, recordaba la melodía y podía sentir en la piel la excitación, recapitule en las manos que intentaban tocarme y ahora que no estaban, las imagine en un naufragio en el mar de mi cuerpo. Me desborde, como un rio en lluvias de invierno, y desperté.

– Ya se que no soy el que fui, y por eso no miento al decir que me encantaría ser las manos que van hurgando bajo tu vestido talar.

El otro lado de la línea enmudeció, el tiempo se envolvió en una burbuja rígida, fueron segundos que terminaron con un gemido ensordecedor. Linda se masturbaba sin poder contener su agitado estatus corporal, exorcizada se dejó llevar.

– En breve, necesito que cruces la calle y toques mi puerta, puse las palabras en su boca. Dejé colgando el teléfono y corrí, tropecé con los libros que dormían tranquilos en la recámara, olvidé cerrar con cerrojo la puerta del patio, brinque la cerca de su casa, abrí con desesperación, subí las escaleras, la encontré en la cama, desnuda, dormía como un lirón.

Sábado trémulo

Cuando terminó la fiesta en casa de Laura, los que quedamos buscamos un lugar en la sala para repasar los sucesos de esa noche de invierno. Bajamos el volumen de la música, destapamos las últimas botellas, reimos del tipo que rodó en las escaleras después de intentar patear a un gato. No era la primera vez que los viajeros se quedaban hasta tarde, aquello se había convertido en una especie de hostal.

Me acerqué con Andy, una chica que conocí un par de semanas atrás, se protegía del frío con la cobija que había robado del dormitorio de la dueña de casa. Hablamos de política y de religión, yo pensaba solo en robarle un beso, ella cediendo al sueño hacía su mejor esfuerzo para no caer víctima de Morfeo. El suelo era una alfombra humana. Un laberinto minado en el que había de estar seguro donde poner el pie al atravesarlo. Susurraba, cada vez más cerca de su oído, el trance perdía sentido con los ronquidos que sacudían con fuerza el intento de seducción. Cansada se recostó en el futón donde sentados le robamos tiempo al tiempo. Me invitó a acompañarla, y como buen caballero la seguí debajo de la cobija cuidando no acercarme demasiado. Me conozco que al primer contacto suelo reaccionar con la bandera en alto. Cuando estuvimos cara a cara, me acerque a su boca, nos fundimos en un beso suave. No era nuestro primer mimo, Andy había intentado besarme con éxito un día de esos que la adrenalina hierve la sangre. Y ahí estábamos, al pendiente de cualquier sonido que nos pusiera en evidencia. En una maniobra peligrosa desabroche el cierre de mi pantalón, tome su mano virgen, y la lleve ahí, donde inicia la batalla por la supervivencia, con el pene expuesto, la conduje por las calles de la pequeña Francia. Aprendió rápido, no se detuvo a preguntar mientras sacudía con maestría mis ganas de hacer llover fuego. Apretaba los dientes para no hacer ruido, sentía su respiración agitada, su aliento se fundía con el mio. Míseros dos milímetros de tela me separaban de encontrar mar adentro, bajo sus bragas, la gloria, mientras a mis espaldas, a medio metro yacían cuerpos inertes, que podrían resucitar al mínimo gemido.

Tan cerca del final, detuve su meneo, no podía permitir un accidente salpicando la cubierta que nos habían prestado. Tuve un respiro, le pedí que apartara sus manos de mi, pero era demasiado tarde, aceleró en cuarto de milla, en segundos llegué a la meta, contuve los espasmos, mi boca era una puerta abierta en total silencio. Me miraba con sus ojos y una sonrisa traviesa. Guarde el equipo con precaución, estaba cubierto de semen.

Salí de entre la cobija, caminé con precaución por el campo minado, cuando alce la mirada, en el fondo, una sombra con un par de navajas en lo que parecia un rostro me descubrío con una sonora segudilla de aplausos.

Acariciando la luna

Sentada en la barda de la azotea meditando en falsos argumentos
una sombra en medio de la oscuridad apareció
con cuernos y cola bajo la gabardina blanca angelical
“¿Qué haces aquí sola?” pregunto, y sin más me besó.
Con la luna llena de fondo, y las estrellas en el firmamento
no hacen falta notas en el decorado.

Iba decidido a actuar sin medir palabras:
una mano rodeo mi cintura
la otra jugaba en mi nuca y alborotaba mi cabello
mientras sus labios besaban mi cuello.

Con astucia separó mis piernas
hizo movimientos lentos
era un especie de baile del averno
me atrajo hacia su cuerpo hasta sentir su calor

La luna nos miraba de reojo
era testigo de como la ropa dejó de estorbar
observaba atenta el vaivén de la piel desnuda…
recostado en las escaleras
la luna se reflejo en sus ojos
le di la espalda para cabalgar e intentar llegar a ella

Los gemidos en medio del éxtasis
se perdían con Sweet Child of Mine
con los lamentos de gatos, en brama.

Me hizo subir al cielo
el frenesí en sus movimientos me llevaron
terminamos con un grito ahogado que se llevó el viento

Tras recobrar el juicio
caminamos en sentidos opuestos
la tertulia nos estaba esperando.

La obscuridad había caído.

La obscuridad había caído,
me reprochabas un millón de cosas,
te pedí que vinieras a mi piedra de cama,
me levante y me aleje sin decir más.
Me recosté boca abajo
escuche tu andar,
te esperaba
y sentí que te tumbabas,
vire para ver tu cuerpo junto al mío
era la nada
con una fuerza que me congelaba,
sin aire algo me abrazaba
encendiste la luz y se esfumaba,
te tiraste en mi lecho
y te estreche sin decir nada.

A la musa de mi prosa.

Cuando baje mi cama estaba vacía fría inerte,
hacia un calor de los mil demonios,
mi tarro solo refrescaba mi garganta sedienta
de la concupiscencia de la noche y su influjo.

Ya había bebido lo suficiente
no mas como para dejar escapar la estupidez
ni menos de lo que dos pintas pueden acabar
en el santiamén de lo que cierran las puertas del bar.

Subí las escaleras a obscuras eran fieras
mis manos sobre el barandal,
tarareando la ultima canción
llegue a mi puerta estábamos dos.

A medio paso de la entrada
atónito observe lo que pasaba,
un cuerpo desnudo de mujer
tendido sugiriendo la hora del placer.

Me recosté a su lado sudando frio
contemple lo que la luz de la luna quería mostrarme
y ante tal manjar como galeno
vi sus imperfecciones, no le hacían mal.

Ya haciendo un lado las dudas y las crudas
ya mirando de cerca lo que templa
ya inflamase mi pecho de lava ardiente
te arranque de mi mente incoherente.

Bese sus sentaderas sin importarme si era quimera
acariciando su espalda deduje su naturaleza
y en el juego del roce los dedos convergieron
a un lugar que hizo fundir sus adentros.

Era verdad dulce canalla
todas las noches intentare recordarla
su lunar en la espalda, sus ganas,
de ser la musa de mi prosa, loca.