Entre caníbales.

La luz en los espejos se consumió, las cortinas perdieron color, así, con un tierno beso arranco la noche. Le siguió el click del botón de play en la grabadora, y las sugerentes notas musicales que servirían de guía en la odisea que es comer la piel humana.

Se aproximó con su cuerpo electrizado abriendo un botón de su blusa en cada paso, sin un parpadeo se adueñó del tiempo, de mis manos recorriendo su cuerpo.

Se reproducía una y otra vez la misma canción, llevar el ritmo con el sabor de sus pechos en mi boca fue el mar que moja la piel en un día desierto. Embalsamados de caricias y besos, moríamos en cada arremetida, se perdía la vida, se ganaba el infierno, y la gloria era volver a vivir en cada ciclo.

Toda esa noche jugamos a morir, aprendiendo que respirar es adictivo.

Huérfana de fe

Una vez más estoy aquí
desafiándote
dudando te ti
de tu existencia y tu magnificencia.

y gritó una y otra vez que ya no creo en ti
te pido e imploro en medio de lágrimas
y sólo recibo a cambio tu silencio
y no es porque no quieras hablar conmigo
es por que
no existes…
te inventaron para que vivamos agachados
como borregos dormidos que marchan al compás

que me quemen viva en la hoguera
por decir lo que pienso
intenten callar a esta huérfana de fe
nada evitara que diga lo que siento!!

Ordinaria rutina

Cansada del bullicio, de las voces de la ciudad
el llegar a casa es un oasis el silencio.

El tintineo de las llaves aterrizando en la barra
incia la rutina que provoca las ansias de hundirme en el sofá
dejar el bolso en la silla, quitarme las botas y acurrucarme entre almohadones
esperar que pase la penumbra de las soledades.

A lo lejos se oye la banda tocar, una y otra vez la misma canción
y los ladridos cada vez que pasa alguien por la cerca de, supongamos que se llama Lola.

Recostada, con los ojos cerrados
me repito lo mismo que casi todas las noches
“hoy me dormiré temprano”, pero nunca pasa
el himno nacional toca la puerta antes que Morfeo.

Por mi cabeza deambulan miles de cosas
debería haber un botón para apagar pensamientos
se que los planes se olvidan con la luz de la mañana.

He llegado a la conclusión de que necesito un gato,
un perro u otro ser vivo que sirva de basurero intelectual
me he descubierto más de una vez hablando al espejo
cualquiera que escuche me llevaría directo al loquero.

Y no es que sea raro platicar a solas
lo malo es pelear y hacerme “la ley del hielo”
y que mi otro yo reniegue por tan injusta ley
solo le falta exigir un abogado de oficio.

Piedra angular

Sentimientos encontrados
que marchan al compás de sus manos
las caricias hacen suspirar
los azotes gemir o llorar
tiempo a contra reloj
engranes fuera de ritmo
pierde terreno en su reino
la soledad asfixia el color de la locura
es un retrato abstracto sin vida
se regodea de mi la rapazuela
yo sólo se que nada se va a desmoronar.

Ada

Ada pierde un instante la voz al sentir la mano de su amigo en los límites de su cuello, el roce de la punta de los dedos provoca un cosquilleo electrizante, como si un millón de diminutas descargas recorrieran su piel.

Dos horas han pasado desde que recibió con sorpresa la visita de Daniel a quien no veía desde hace 5 años. Son las 10 de la noche y en casa todos se preparan para dormir. En la recamara de sus padres se escucha el noticiario, y sus hermanas acumulan horas encerradas en sus respectivos cuartos.

La plática ha transcurrido en un tono natural, como dos extraños que apenas se conocen. No hubo nostalgia por momentos que merezcan ser recordados, solo amigos en común con vidas aburridas y trivialidades sin sazón.

Ada da un respingo al sentir en su pecho como resbalan las garras de un animal que encontró a su presa, saboreando quizás su primer bocado. Sin fuerza trata de eludir el intento de atentar contra su cuerpo, pero no lo consigue, ya no son solo las huellas dactilares que van dejando rastro en los poros abiertos. Con maestría dos botones de la blusa han sido arrancados. Se mantiene alerta a los ruidos que pudieran venir del pasillo, si alguien consiguiera ser testigo podría ocurrir una tragedia.

El silencio en el lugar bastó para enmudecer de forma gradual ante la insistencia de las caricias. En trance, cierra los ojos pensando que se trata de un sueño clandestino, evoca los instantes que se permitió fantasear con un beso de su artista preferido. Él se atreve ir un poco más allá de las fronteras dispuestas por su conciencia.

Privada de la voz, Ada continua estática, pensando en un futuro incierto, aventurándose en una historia donde no hay soberanos ni princesas, quiere gritar, pedir auxilio, pero le inquieta saber que hay por venir en la respiración agitada de su amigo, temiendo por la dicha que le da cruzar el margen del decoro. Está en una experiencia donde los ideales y la naturaleza entran en conflicto, una lucha entre el espíritu y la sangre. El placer ha sido vetado en su cuerpo desde que tiene uso de razón, lo que religiosamente ha sido llamado pecado toca a las puertas de su cabeza con tambores y fiesta.

Apenas un susurro fue el NO que emitió cuando Daniel tomo su mano y la tendió en el bulto oculto en su pantalón, enseñando los movimientos que tendría que seguir, en intervalos dispersos, víctima de sus raíces moralistas y sus deseos quiere seguir. Su ropa interior se doblega a pesar de unos cuantos reveses, permitiendo el contacto inquieto, pero calculado, con un movimiento preciso que detiene cualquier tentativa opuesta. Intenta esquivar la mirada del asesino, pero es demasiado tarde, la inocencia murió al sentir la explosión de burbujas en su lado prohibido.

Se dejó llevar sin un beso, olvidando sus principios, sucumbió ante un arsenal de estrategias, eso que se empeñan en etiquetar como mundano, yo diría, humano.

¡¿Y qué si me he equivocado?!

¡¿Y que si me he equivocado?!

Nadie es perfecto para juzgar un tropiezo
el viejo manual de vida lo escribieron hombres como yo
propensos a mentir y errar
que jugando con ayahuasca creyeron ver y oír las reglas del juego

No dudo de Su existencia
pongo en duda los argumentos
la tiranía que pintan en los murales
el derecho a juzgar con supremacía
el favoritismo y lo estúpido de sus parlamentos

No me llames anarquista
es un traje que jamás voy a portar
hoy sólo quiero abrir las alas y volar
dejar de lado las directrices y la moral

Viviré mi vida como otros quisieran
y desde el rebaño, de reojo observarán
con más envidia que temor
criticarán cada movimiento vulgar
y en su casa fantasearán estar en mi lugar

Consciente estoy de que mi barco naufragará
necesitaré el faro para encallar
el viaje no será eterno
en mi estúpido plan, está volver al hogar
aunque tal vez sea demasiado tarde para recapacitar.

Conjuro

Mi alma fue vendida a una luna crepuscular, esa imagen particular con luz que ciega la mirada, noche blanca que busca retener la gloria del contratiempo en sus ojos.

Un calor suicida se desplaza con la memoria de su fragancia, la sangre tiñe de humo lo que quema, arrastra el hollín de mis venas, da muerte y arrebata evidencia difusa.

La casa del recuerdo se ha vuelto entre telarañas lo habitual, tocar su piel es una obsesión malograda, inunda de dudas la realidad, espera lo peor cuando inicia el fuego de la hoguera.

Le han quitado las manecillas al reloj, mi sombra se extravió en el espejismo del tiempo al buscar perfumes de mujer, ahora cuesta tratar a la flor con indiferencia.

Sé que nunca te vera igual que un barco encallado en la orilla de la verdad, en ruegos, o con el ruido de un cementerio en lucha por la libertad.

La pesadilla puede durar lo que el vacío de la ausencia, es un desafío en el jardín de las rosas.

Quizás sea solo muerte cerebral las migajas de nostalgia, algún conjuro de chaman para el fin del mundo, condenado a recordar.

El umbral del olvido.

Cuando nos cortaron las alas no fue suficiente salir a la calle y correr desnudos bajo la lluvia, o chapotear en los charcos de lodo y aceite, necesitaba volar, con el aire rompiéndose en dos en la cara, con manchas de jazmín y olivo en las mejillas, y el frío ante la posibilidad de ser descubiertos por los regentes de un país sin glorias.

Los recuerdos de libertad son lo único que quedó después que el fuego se tragó las películas que antes nos hacían reír sin parar, no tuvo piedad, ahora son cenizas que se esparcirán al abrir la puerta. En los rincones sellaran su olvido, la humedad los consumirá asesinados a sangre fría por el moho y la polilla. Olvidaremos con el tiempo de que color era la habitación donde jugábamos al ajedrez, aunque llegue puntual a la puesta de sol, y vea las palomas ir tras el horizonte. Se perderán las cartas con el mensajero que murió de amor en el malecón de una playa olvidada entre sus piernas.

Maldita sea la risa que te di, dejó mis bolsillos vacíos, y una pena constante que llora colgada de un madero. La sed que tengo no es de tus besos, es de tu piel de polvo lunar que provoca un crujir de madera en mi boca. No toqué a la puerta al menos que tu boca fuera la miel que bajaba de tu entrepierna, y así con las alas extendidas supe volar, como un explorador encontré la verdadera libertad.

El reloj no detendrá su marcha, quebrara los huesos de quien se interponga así corra sangre nueva en sus venas. No hay perdón para los que buscan la tierra como hogar, serán arrastrados al umbral de un infierno al que dios no tiene acceso.

Danzante

El rugir de la fiera hoy es sólo un murmullo
leyenda urbana de que un día existió
cuento de horror que contará el abuelo
personaje para muchos de ficción.

Jamás sentí miedo estar frente a sus ojos
el demonio en su brillo causaban excitación
un desafío a la conciencia
tormenta de ideas en la cabeza.

Su persona era imponente
el silencio nacía cuando cruzaba el umbral
el vaiven húmedo en la habitación
forjaba gemidos y expectación.

Se disipó con el humo del cigarrillo
se hizo danzante de ritos prehispánicos
rémora de lo que alguna vez fue
despojo de aquel Mr. Hyde encantador.

Yo lo vi, se que fue real, aunque sólo quede de él una estela en el aire, infinita.

Perro gris

La natural reminiscencia
de un perro gris liberado
ya no pudo elegir
si la correa o si el viento

Hubo confusión en su olfato
perfume de mujer, carne y sangre
cuando enterró el colmillo
el final llegó

lo azotaron hasta perder la fuerza
se escuchó el último ladrido
un eco que se quedo en la pared
la rebelión se consumó.

Herido vaga por las noches
busca en las alcantarillas
la placa con su  nombre
la dirección del aire.