Luz

No ha salido el sol, pero la noche me trajo un rayo de luz. Me dijiste que no crees en el amor, pero me abrazabas, mientras te besaba el cuello, me buscabas los labios con delicadeza, me mordías suave el antebrazo. Me podrás decir que fue pasión. Te diré, calla, déjame vivir mi sueño amor.
Porque quizás seas una fantasía. Y solo sé que es un sueño cumplido rodearte con mis brazos, desde tu espalda. Con los ojos cerrados, escuchándote gemir al ritmo de la lluvia y el silencio.
Ya salió el sol. Y brindo por ti con mi taza de café y el humo que me evoca tu sabor. Las nubes le hicieron pase al rey, ya se ve el cielo azul. Los pájaros cantan, se buscan, se besan, se arropan. Están en armonía con mí latir.
Ayer estaba en el abismo, hoy tengo la música de tu recuerdo. Espero que esta tarde, al recapitularte, aunque no pienses en mí, estaré sonriendo.

Reflejo

Mala suerte en el juego, mala suerte en el amor. Intenté jugar, en el otro lado del sol otro rol y tampoco resultó. El amor es un precipicio, un escalón. Inicias siempre donde mismo, acabas peor. El juego es el placebo, es la dinamita para olvidar lo que pierdo. 

El tiempo no espera, y tengo que vivir. Tampoco fuí un modelo a seguir. Las prisas nunca fueron mi mejor compañia, y nunca aprendí a sonreir. Tuve que rascarme las heridas una y otra vez con lija, para olvidarme y volver a nacer. Resurgir, renacer. Reinventarse. Re, re, re. Las veces que hicieran falta. 

Yo solo quiero que me quieras como quiero yo. A la una, a las dos. A la hora del desayuno, en la cena, en el café, de puntitas y de pie. Quiero cargar la luz, la cruz en el espejo. Porque no me queda otra opción. Es mejor vivir mañana, el pasado ya me olvido. 

Encuentro en cada día, una nueva comunión. Si fumo estoy en otra dimensión. Si bebo, puedo tener sexo en donde tu quieras. Si suena Paez, o Calamaro, o Sabina, incluso Mecano, cualquier rock and roll, puedo perdonar por los malos tratos, los vicios, tus juicios, tu obsesión. Si me caigo, muero de risa, me quedo en el piso, mirando al cielo, sabiendo que nadie me escucha, que solo estoy yo, soy el universo. Soy el mismo Dios. 

Un humano pecador, la oveja negra de la familia. El que se salió del molde por buscar un mundo mejor, cuando el mundo se pudre por fuera. Puedo tener un adjetivo cualquiera, puedo ser quien sea necesario ser. El que apunta, la presa, el que ejecuta, el que guarda silencio.  

Nos es posible seguir caminos distintos, cuandos nos repetimos. Un gol, es todo lo que pido. Algo distinto. Puedo perder en el amor, si no lo juego. Tal vez, esta vez, vuelva a ser el ganador. No me importa si es cielo o infierno, en tanto tenga en una mano la hierba y en otra la cerveza. En tanto ella me vea, cuando vea sus nalgas. En tanto tenga un jardín de cactáceas en el patio de mi casa.

Libertad (resucitar).

Libertad, es no poder volar contigo, es quedarme con las ganas de besarte por las mañanas, y verte a horas no apropiadas. Dios es un cómico, director de esta obra. Te ha puesto en el camino, como protagonista, con un grillete en el tobillo llamado religión. Yo no quiero ser antagonista, pero en esta película el malo tiene que perder. El amor nos duró una noche de caricias y besos. Luego el sol nos despertó. Extender los límites del pecado no es parte del contrato, la conciencia es el verdugo que al final te aleja de las sonrisas, las cosquillas y la humedad en tu entrepierna. 

La vida nos puso en sentido contrario, las manecillas del reloj no giran para el otro lado, avanzan, quizás el destino nos tiene algo preparado. 

No cambiaría el conocerte, me dijiste la última vez que nos vimos. Nos dimos la mano, y un beso en la mejilla. Dijiste adios obligada. No querías irte. Se que te dolio.

Disfrutemos que el día, te puso de nuevo delante de mis ojos. Tu uniforme de corredora. Tu vibra, tu gesto cómplice, y esa expresión tan deliciosa cuando nuestras miradas se mantienen. 

Resucité, y vayan las gracias a ti.  

Primavera

Llegó la primavera, con tristeza, pena y dolor, mientras yo soñaba con la luna llena de piernas abiertas, humeda y sin bandera, haciendo el amor. Desperté, soñe contigo, le confesé. Intentó desviar el tema, pero con una ligera mueca aprobo aquella deliciosa alusión.

Quizás no compre la idea. Quizás nunca se acordo de las noches siniestras donde nos robamos las horas a las madrugadas de otoño y un poco de sol por la ventana de las escaleras. Quizás no coincidamos nunca, o quizás en las puertas de otra vida seamos espuma y arena en una playa sin imperfección.

Seremos privamera, ya que pase la guerra. Entonces podré darte un abrazo, y un beso precedido de alcohol. Y dormiré esperando, que aparezca ese sueño, que me tenga pensando en ti todo el día. Un momento feliz entre tanta agonía.

Las palabras mágicas

Aun sueño con ella. Quiero recuperarla. Confesaba Gustavo desahogando su tristeza. Su mujer lo dejó por un par de tipos que sabían de la energía que generan los cuerpos desnudos en la mesa. Eres un pendejo, afirmó Rosario con sus ojos fijos en su teléfono, habitual en sus últimos encuentros. Algo se fragmentó bajo sus costillas, envejeció algunos años en unos segundos, escondió sus palabras en el viejo baúl de los recuerdos, y se olvidó del tema. El no buscaba verdades, quería un poco de calor para su afligida alma. Sin embargo, esa noche estaba escrito que otra historia pronto terminaría. Supo entender la prisa cuando ella fingió ese viejo dolor de cabeza y se retiró de lo que pretendía ser una larga fiesta. No estaba dispuesta a seguir el tonto juego de apagar madera consumida en fuego. Se desplomaron las fichas protagonistas del efecto dominó, la cena quedó servida, y la casa volvió a quedar vacía. Los amigos habían desaparecido al tornarse en gris la música en el reproductor. El desamor no era materia en discusión. Ya no pactaron con palabras mágicas. El desastre continuó. Se echaron a fluir sin dirección. El quehacer de cada día los separó hasta que se dejaron de buscar.

Quizás algún día cambiará su suerte.


Desesperanza

En la frontera de la cordura y la perdición, pasa otro día hundido en el sofá, con una mano que juega con los botones del control de la televisión, y la otra sosteniendo el celular, esperando un mensaje o una llamada que lo saque de ese sitio al que la mayoría de las veces llama hogar.

No hay cortinas que detengan el sol, se siente desnudo, observado por alguien al que no le importa si naufraga con las voces en su cabeza. Esta solo. Totalmente solo. Las cicatrices en la pared son engaños de Dios.

Las manchas en el sofá, el polvo en los libreros, las flores marchitas en la mesa de centro. Vestigios de una vida que se terminó. Podría desaparecer en el aire, quién lo habría de notar.

La música es un bálsamo para las almas que dejaron de soñar. Es mejor no estar atado a nadie, se confiesa antes de disparar: la calle puede llevar a tantos lugares. Quizás solo sea el inicio de un naufragio. Esta vez sin testigos.

Humo rojo

Ayer me paré frente a una desconocida. Cantaba y bailaba como llevada por el viento. Le daba de comer a su gato, le acariciaba la espalda, le hablaba de cariños y besos. No me pude detener en su mirada por miedo a caer preso de su rabia.

Cuando se acercó, primero una bofetada, después me acuchilló el corazón, y luego vino el vacío, el silencio recorriendo mis venas. Cuando me di cuenta estaba en el piso con un diente a dos metros y la mitad de la cara cubierta de rojo, sentí algo salirse de mi cuerpo. Con su risa a carcajadas presumía sus largos colmillos, la ciudad la convirtió en vampiro para exprimir el alma.

Se largo con el caballero de buenas manos que cura la espalda, el maestro del cigarro que cuenta las mejores historias del barrio. No importó el Jack reciclado, ellos brindaron con un red label, fumaron un poco de la pipa, un poco del cenicero, juntaron sus labios y sus cuerpos, se perdieron en el deseo, en la bruma y en el humo, mientras la noche se despedía y el día daba los buenos días.

Me he visto en el sofá tratando de recapitular mientras mi hijo me pregunta si el destino de su mamá será el infierno cuando muera, pero ya no quedan lágrimas para responder. Todos somos malos de alguna manera, respondí. El infierno también tiene buenas personas.

Ya no hay forma de pedir perdón.

Para mi chica cósmica, donde quiera que esté.

¿Cómo voy a lograr que aún me quieras?
¿Cómo lograr que quieras escuchar?
Cuando este fuego me desvela
pero despierto solo una vez más
¿Cómo lograr verte de nuevo?
¿Cómo he de recobrar tu corazón?
¿Cómo aceptar que todo ha muerto?
y ya no hay forma de pedir perdón
Qué mal, qué mal,
esta absurda y triste historia
que se pone cada vez peor.
Qué mal, qué mal,
¿Por qué ni puedo hablarte?
Temo que es así, que ya no hay forma de pedir perdón
¿Cómo lograr que aún me quieras?
¿Cómo lograr que quieras escuchar?
cuando este fuego me desvela…
¿Qué es lo que voy a hacer?
¿Qué es lo que voy a hacer?
si ya no hay forma de pedir perdón.

#pedroaznar #eltonjohn #sorryseemstobethehardestword

31.

Felices 31.

No tengo palabras para desearte lo mejor.
Las ahogaste con tus silencios y con esa forma de decir adiós.
Esta noche no habrá flores, ni abrazos, ni un te amo.
Los cambiaste por humo, marihuana y un orgasmo.

No tuviste lo mejor de mi. No tuviste las agallas de esperar el momento.
Pero te deseo que vivas como deseas y encuentres felicidad.
Ese estado único de paz y armonía con el universo.
No mires atrás, para entonces ya me habré ido.

No te deseo ningún mal, quiero que quede claro.
Porque dos corazones dependen de ti, y el mío aún está sangrando.
Sigue adelante con tus pasos.
Algún día en otro aniversario entenderás lo que es amar sin barreras y sin engaños.

Disfruta tus 31. Te ame. Te amo. Mañana no se.