Ajenos

Sobrevivo gracias a tu nostalgia
en algún recuerdo donde los tiempos eran lo mejor
abrazarte bajo la ropa, indignada y encantada
cuando el espejo se confundía con dios.

Los instintos también envejecen.
Pero tenemos la sabiduría que los compensa. No refines tu gusto por la poesía, visítame un día de brujas.
Sigues siendo un loco.
Es mi encanto. Cerro el libro y se fue.

Entre caníbales.

La luz en los espejos se consumió, las cortinas perdieron color, así, con un tierno beso arranco la noche. Le siguió el click del botón de play en la grabadora, y las sugerentes notas musicales que servirían de guía en la odisea que es comer la piel humana.

Se aproximó con su cuerpo electrizado abriendo un botón de su blusa en cada paso, sin un parpadeo se adueñó del tiempo, de mis manos recorriendo su cuerpo.

Se reproducía una y otra vez la misma canción, llevar el ritmo con el sabor de sus pechos en mi boca fue el mar que moja la piel en un día desierto. Embalsamados de caricias y besos, moríamos en cada arremetida, se perdía la vida, se ganaba el infierno, y la gloria era volver a vivir en cada ciclo.

Toda esa noche jugamos a morir, aprendiendo que respirar es adictivo.

Octubre en la distancia

A la distancia solo queda la nostalgia de una prometedora amistad, desperdiciada, y los primeros de octubre para recordar.

Y es que a veces me detengo y adivino lo que pudo ser, las paredes golpeando en la frente, los labios rasgados, todas las cruces… otras mujeres. Porque no soy de los que siguen las reglas del juego, y aunque me ponga el disfraz de caballero, tengo un lobo adentro, hambriento.

Quizás has decidido jubilar los besos, y no ser carne viva para este demonio. Quizás los números rojos te dieron para girar en exceso, lejos de la aurora, cerca del paraíso.

Al otro lado de la carretera solo te puedo decir que dejas en bancarrota la primavera, sin desliz, sin mapa para rebeldes, sin el vicio de volver a empezar.

El calendario me dice que el licor se consume y no en mi mesa, felices treinta y tres …

Todo lo que quedo.

Salimos del lugar
ya el sol había caído
y la luna ocupo su lugar,
como es habitual en momentos así
todos nos despedimos.

La acompañe hasta su auto
con sonrisas completas
le abrí la puerta,
haciendo un gesto de despedida comente,
al menos que me quieras llevar,
entre su risa delirante
Y su cuerpo vibrante, le bese.

Seduciéndola contra el auto
no iba dejarla perder
tome sus llaves,
la subí sin mediar palabras,
ella no dijo nada
y entre besos y el volante,
a un sitio la lleve.

Subir las escaleras
fue todo exaltación,
el desván estaba listo
solo para los dos,
no llegábamos a la cama
cuando ardimos en pasión,
y aunque su piel no era muy firme
tenía algo mejor,
la experiencia que te dejan
los sinsabores del amor.

La noche fue larga
más no hubo prisas,
la mañana llego
como dos personas consientes
de la situación,
tomamos nuestras cosas
despidiéndonos sin ceremonias,
un beso y abrazo
fue todo lo que quedo.

Era la hora de correr.

La platica amena,
se alargaron las horas,
las copas desplomaron el pudor,
le roce un par de veces
por debajo del mantel
y ella como una hermosa chiquilla
se dejo sorprender,
estreche su mano
y como pecado
lo quisimos esconder.

Mientras los músicos tocaban
le dedique un par de canciones
y su mirada me dio
la idea de un nuevo amanecer
a la orilla de la chimenea
se bien lo que esperare.

Un trago mas pedían
mientras las luces se ponían
poco a poco las despedidas
y ella no se movía
acercándome un poco
rose su cara con mis labios
y en su sorpresa
del carmín de su boca probé.

Las arpías en un instante callaron,
los meseros la cuenta nos mandaron
y una sonrisa de nuestros labios
fue acentuando el placer.
Tomamos nuestras cosas,
era la hora de correr.

La comida.

La comida se alargo,
mujeres riendo y sonriendo
lamentándose y hablando de sus penas,
la señora a mi lado tan finamente ataviada
tenia un fulgor que no le conocía
con esa gran sonrisa
empezó a contar su historia
desplego sus alas y mostro sus heridas,
todas las arpías se apiadaron,
fue un momento sublime en esta obra teatral.

Yo solo escuchaba su versión,
asintiendo en algunos momentos
en otros no,
ella me miro y se sonrió
con una media sonrisa pidió compasión
y sus ojos llenos de color
dejaron caer una lagrima obscura por sus mejillas
que llego a mi corazón.

Atine a ser honesto,
sin importarme el que dirán mañana
la estreche entre mis brazos
dándole un poco de confort,
sintiendo a la pequeña que aun estaba ahí,
mi pecho se inflamo en un ardor,
mi corazón se detuvo por un instante
para volverse un nuevo sol,
sus primaveras ya no importaban
y en un instante lleno de pequeños sucesos,
su vida me entrego.

Jugo de luna

Cruzamos miradas más no compartimos ahora el mismo escenario de actuación

Derroche de tiempo y de piel
el jugo de luna me venía bastante bien
ahogué gramos de amnesia en algún licor de café
equivoqué la mirada, la caricia y lo corto de mi falda.

Jugué entre besos intermitidos
desatiné a la noche recostándome en su espalda
con gemidos seduje alguno que otro susurro
me delaté de placer con tanta delicia
que aún guardas entre tus muslos.

La monomanía en mi mirada la atormentaba cada alba
nunca me acostumbre a no tenerte,
al control de la calma desorientada
ni a los principios de casa.

Busqué a ciegas el recorrerte
nunca hubo luz en lo que tenías de alma
falle en la divinidad del juego,
perdí en algún rincón el frígido miedo.

No hay distancia y aun puede que te sueñe
no esperes que te olvide en esta incursión
puedo malgastar por fe la perversión de obtener tu sabor
pero no la perfección de guardarte en lo más burdo de la pasión…

y aún con todo, no pertenecemos a la misma colección.

No me cuentes la misma fábula por tradición
no requiero de tus besos por hoy
la fantasía es pura … la belleza ilesa
pero conozco lo oscuro de la intención.

Para asesinarnos, hacen falta dos…

Deseo

Cuatro estaciones han escapado a la luz de tu mirada.

Jamás imaginaste el murmullo de mi voz regalando un suspiro al destino, nunca es demasiado tarde para tener un final.

Desperté tus deseos perversos y obscuros, con el suave latir de mi voz, sé que no podrás detenerte hasta beber la pasión desbordada de este cuerpo inerte, hasta saber que mi piel canela sigue estando en tu poder, tan tuya como siempre.

No pasará, pero deseo en lo más íntimo de mi ser que me desnudes el alma, el cuerpo y el corazón al compás de tus manos.