Casualidad

Es medianoche cuando llego de incognito a tu dirección. El anonimato es el recurso favorito a mi falta y tu exceso de calor. Llamo a la puerta oculto en las sombras, intentando ser invisible, evitando a los testigos a toda costa. Tengo el mezcal, tu adentro la hierba para quemar, como fue el acuerdo previo.

No es necesario el prólogo en este cuento, olvida la ropa interior en el cajón de tu nueva vida. Se muy bien estoy de paso. No hay misterios. El contrato afirma que es la penúltima, de la penúltima vez.  

El humo se extiende, afina los sentidos. Toco tus senos, tus nalgas, tu calientas tus manos bajo mi pantalón. Te busco los labios, el único lugar vetado, tu mueves tu cuerpo en señal de aprobación.

En la habitación no hay preámbulos, la ropa son excusas para la imaginación. Mis manos te recorren, mi lengua escudriña tu sabor, es tu clitoris erecto la causa de esta adicción. Con mi cabeza entre tus piernas no busco redención, soy un pasajero sin boleto, un partisano sin devocion.

Dentro de ti, simulando un acto de amor, me aferro a tu espalda, a tu cadera que vive un momento mejor, cuidando no dejar marcas en tu piel. Debatimos bajo el cielo quién merece el infierno. Tu que ya no eres la misma, yo que soy un poco mejor.

Aun tenemos ese recuerdo, ese desliz que quema a pesar del frío, ese encuentro fugaz, sin palabras de por medio. Aun tenemos el veneno, delicioso y tóxico que te quema por dentro entre la conciencia y la casualidad.


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