Carlota

Juega a ser el rey en su tablero de ajedrez
descarta los acertijos, acierta en los artificios
desteje con codicia las telarañas de azafrán
asciende al cielo pero es el infierno quien envenena el alquitrán.

En sus breves anécdotas de sueño ha enloquecido
pretende acariciar lo corto del destino,
con guantes de seda para no dejar huella
y es que, en su espacio vacío traiciona lo prohibido.

La chica de tez blanca le lava los pies
y ella se lava las ganas
aunque para ser despistada
se requiere mas que controlar el temblor en descarga.

Obsesión poco consoladora
aquella provoca su gusto por lo que no es legal
la desventaja no es que su deseo contradiga la moral del hogar
si no el desvío de la mirada
que no la viste ni para abalizar la sombra que la acompaña.

Guarida desprotegida
cuando el atisbo se centra en ese lunar
que alivia sus penas desvalidas
y no hay mucho de que hablar.

Espera respuesta de sus dioses
pero en plena madrugada duermen ya en camas de ocre
y mientras ella a cada carta le pone su sello
en el laberinto de los buenos modales se pierde el cartero.

Carlota con su rara belleza
sus manías disfrazadas
mientras el café se esconde las horas
ella juega a ser ciega en un castillo de amapolas.

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