Aunque nunca fuiste mía, estuve cerca aquella vez.

Es que jamás volveré a besarte como aquella vez en tu sillón, buscando la canción, una poética demostración de amor para la noche que la luna nos guardaba en el lado oscuro donde se pierde la razón, en la sombra con requintos en tus costillas y pasos dobles en tu corazón. Mientras tú me seducías las ganas con sonrisas y exquisito farol, acurrucándote bajo mi par de alas de neón, sabiendo que en cada roce de tu piel mi sangre cosquilleaba un incontrolable frenesí. Cedí a la opresión de tus muslos en mi pantalón, mascullé el deseo de ir mas lejos donde los sueños están vetados, diciendo “si” a tu lírica pregunta, donde tu “no” era una bandera en la frontera de la tela de tu ropa interior. Cuando el viento fue un gemido en mi oído esperanzador, creí que ya estaba escrito mi nombre en el laberinto de tu piel, con un beso tatuado en cada pared, con la huella dactilar de las tintas de mis dedos impresas en el papel de pétalos que el aroma de la primavera me llevó a perseguir.

La luna fue aliada de las oscuras intenciones, tocó tu piel como mi mano fue entre tus lunares, y los rincones escondidos de una boca ansiosa de probar tu cenit de venus. La pesadilla se volvió un mero tramite, los desmayos el pretexto perfecto para quedarme a dormir a contemplar como se curva el universo en tus caderas, la poesía el bálsamo de nuestras incoherencias. Pasaron algunos días intentando construir una nueva vida entre delirios sobrios de besos, sueños de inconfesables cuentos y protagonistas semidesnudos en la mesa de billar. Las noches eran en vela esperando que salga el sol en mi ciudad, para el recuento y reconstrucción de hechos y te quieros que no se volverán a repetir.

Yo nunca miento al decirte que aun te espero, a veces sentado en mi diván, otra veces de cara a la luna con la música alta para que sepas llegar, otras veces solo me recuesto soñando que entras por la ventana que cada noche dejo abierta. Porque aun espero el alud de besos que nunca prometiste, el festival de miradas cómplices que cada fin de semana solías inyectar con veneno al corazón, ese toque fatal que parte en dos a la razón.

Cada que quieres vas y vuelves, sigo tu rastro pero sabes bien perderte. Solo las sobras de amor que recojo de las cenizas de aquel cuaderno en blanco que dejaste sin firma ni remitente en un cajón, logran arrancarme de lo cotidiano, por que se que aunque nunca fuiste mía, estuve cerca aquella vez.

3 thoughts on “Aunque nunca fuiste mía, estuve cerca aquella vez.

  1. Cuanta intensidad impregnada en cada frase.. Todos deberiamos guardar en el almacen de la memoria un recuerdo que nos quite el aliento y que nos saque de lo cotidiano que pueda ser el dia como bien loijiste cadaver..

  2. en realidad llegaria una buena musa a tu vida por k al escribir de esa manera es por k tienes algo o alguien k te inspire para poder descargar esa fuerza y nostalgia .

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