Asesino

El asesino aparece de entre las grietas de cenizas en la hoguera, que incendiada la boca de pasión su fruto se extingue en cada bocanada.

Su humo carcome las paredes de mi garganta como el alacrán que victimó a su presa, como la araña que inyecta de anestesia su cena.

Largos parecen los minutos al perseguir una idea que cruza alada el campo de batalla, se expande, se endulza, se entinta de vida, se mimetiza en dulce agonía, sucumbe entre reflejos, en el espejo del ojo que me lleva entre laberintos, electrizan la luz de la mirada, acechan con dudas al forajido que perdió la rebeldía apenas cruzó el umbral de lo desconocido.

La nube que se forma alrededor tiene hechuras sublimes que se curvan al tacto, su textura se oculta entre los confines de la polilla que trabaja la madera, es la razón perdida como el varón que en una piel fina, oculta su maldad bajo los tiernos tratos de una doncella.

El maquinista está en mis venas, transita de prisa, pero el tiempo parece detenerse en un abismo sin escaleras.

No hay futuro con quimeras que susurran al oído golosinas, no hay una estación donde descargar las maletas atestadas de inocencia, quien se pierde el asesino lo encuentra en un callejón oscuro lejos de los labios que curan la sed en días de negrura.

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