Apagué la luz

Ayer sufrí con desquicio
y ni el dolor de rodillas
ni los pies púrpura torpemente inmóviles
distrajeron el danzón de enfermizos sollozos.

El céfiro y tu voz pasearon en rebeldía por la habitación
no hubo oscuridad que provocara su extravío
solo sentí piedad de la felicidad tan irracional
y a las comisuras les reclamé la absurda humedad.

En la bocina sonó la misma canción una y otra vez
en la segunda estrofa se me consumió la sonrisa
desapareció la luz…
solo caminé por la casa vacía de ti.

Reinventando los señuelos de costumbre
cerré los ojos, y me herí
revolví las letras en desorden, la rabia y mi adicción por el té
solo tu sombra miente con tanto descaro
denunciando soledad y una amnesia que no me busca más.

Ayer enloquecí de no sentirte
de repasar memorias que ya no me dicen nada
me tomé el tiempo que duraba tu recuerdo
en un sorbo de mateína, y aborrecí la realidad.

Halagué con medias sonrisas a los anhelos ya sin vida
las lágrimas no cortejaron su típico juego
solo presentí que prescindía de ti en estado de desmayo
y reí, aún con dolor en las manos.

No existen más noches de risas ajenas
ni velas para dirigir la pasión que jugaba de inquilina
solo se sonrojan unas cuantas indiscreciones
rasgando el cielo y amontonando luces de estrellas.

Consentí la aflicción sin reparo
derramé en llanto mi esencia en contribución a la nostalgia
apagué la luz del interior
y me tomé de golpe nuestra historia
para contarla en una mejor ocasión.

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