A la musa de mi prosa.

Cuando baje mi cama estaba vacía fría inerte,
hacia un calor de los mil demonios,
mi tarro solo refrescaba mi garganta sedienta
de la concupiscencia de la noche y su influjo.

Ya había bebido lo suficiente
no mas como para dejar escapar la estupidez
ni menos de lo que dos pintas pueden acabar
en el santiamén de lo que cierran las puertas del bar.

Subí las escaleras a obscuras eran fieras
mis manos sobre el barandal,
tarareando la ultima canción
llegue a mi puerta estábamos dos.

A medio paso de la entrada
atónito observe lo que pasaba,
un cuerpo desnudo de mujer
tendido sugiriendo la hora del placer.

Me recosté a su lado sudando frio
contemple lo que la luz de la luna quería mostrarme
y ante tal manjar como galeno
vi sus imperfecciones, no le hacían mal.

Ya haciendo un lado las dudas y las crudas
ya mirando de cerca lo que templa
ya inflamase mi pecho de lava ardiente
te arranque de mi mente incoherente.

Bese sus sentaderas sin importarme si era quimera
acariciando su espalda deduje su naturaleza
y en el juego del roce los dedos convergieron
a un lugar que hizo fundir sus adentros.

Era verdad dulce canalla
todas las noches intentare recordarla
su lunar en la espalda, sus ganas,
de ser la musa de mi prosa, loca.

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