Piedra angular

Sentimientos encontrados
que marchan al compás de sus manos
las caricias hacen suspirar
los azotes gemir o llorar
tiempo a contra reloj
engranes fuera de ritmo
pierde terreno en su reino
la soledad asfixia el color de la locura
es un retrato abstracto sin vida
se regodea de mi la rapazuela
yo sólo se que nada se va a desmoronar.

Monocromo

Un parpadeo de bits un núcleo
un bohemio futuro alentador
tan minúsculo sol la diminuta luna
que se esconde entre la bruma

Una luz que multiplica
un eco acuoso de emoción
sublime dicotomía cautiva
lozano acecho al corazón.

y además eres el sol, despacio también puedes ser la luna…

Luis Alberto Spinetta

Ada

Ada pierde un instante la voz al sentir la mano de su amigo en los límites de su cuello, el roce de la punta de los dedos provoca un cosquilleo electrizante, como si un millón de diminutas descargas recorrieran su piel.

Dos horas han pasado desde que recibió con sorpresa la visita de Daniel a quien no veía desde hace 5 años. Son las 10 de la noche y en casa todos se preparan para dormir. En la recamara de sus padres se escucha el noticiario, y sus hermanas acumulan horas encerradas en sus respectivos cuartos.

La plática ha transcurrido en un tono natural, como dos extraños que apenas se conocen. No hubo nostalgia por momentos que merezcan ser recordados, solo amigos en común con vidas aburridas y trivialidades sin sazón.

Ada da un respingo al sentir en su pecho como resbalan las garras de un animal que encontró a su presa, saboreando quizás su primer bocado. Sin fuerza trata de eludir el intento de atentar contra su cuerpo, pero no lo consigue, ya no son solo las huellas dactilares que van dejando rastro en los poros abiertos. Con maestría dos botones de la blusa han sido arrancados. Se mantiene alerta a los ruidos que pudieran venir del pasillo, si alguien consiguiera ser testigo podría ocurrir una tragedia.

El silencio en el lugar bastó para enmudecer de forma gradual ante la insistencia de las caricias. En trance, cierra los ojos pensando que se trata de un sueño clandestino, evoca los instantes que se permitió fantasear con un beso de su artista preferido. Él se atreve ir un poco más allá de las fronteras dispuestas por su conciencia.

Privada de la voz, Ada continua estática, pensando en un futuro incierto, aventurándose en una historia donde no hay soberanos ni princesas, quiere gritar, pedir auxilio, pero le inquieta saber que hay por venir en la respiración agitada de su amigo, temiendo por la dicha que le da cruzar el margen del decoro. Está en una experiencia donde los ideales y la naturaleza entran en conflicto, una lucha entre el espíritu y la sangre. El placer ha sido vetado en su cuerpo desde que tiene uso de razón, lo que religiosamente ha sido llamado pecado toca a las puertas de su cabeza con tambores y fiesta.

Apenas un susurro fue el NO que emitió cuando Daniel tomo su mano y la tendió en el bulto oculto en su pantalón, enseñando los movimientos que tendría que seguir, en intervalos dispersos, víctima de sus raíces moralistas y sus deseos quiere seguir. Su ropa interior se doblega a pesar de unos cuantos reveses, permitiendo el contacto inquieto, pero calculado, con un movimiento preciso que detiene cualquier tentativa opuesta. Intenta esquivar la mirada del asesino, pero es demasiado tarde, la inocencia murió al sentir la explosión de burbujas en su lado prohibido.

Se dejó llevar sin un beso, olvidando sus principios, sucumbió ante un arsenal de estrategias, eso que se empeñan en etiquetar como mundano, yo diría, humano.

¡¿Y qué si me he equivocado?!

¡¿Y que si me he equivocado?!

Nadie es perfecto para juzgar un tropiezo
el viejo manual de vida lo escribieron hombres como yo
propensos a mentir y errar
que jugando con ayahuasca creyeron ver y oír las reglas del juego

No dudo de Su existencia
pongo en duda los argumentos
la tiranía que pintan en los murales
el derecho a juzgar con supremacía
el favoritismo y lo estúpido de sus parlamentos

No me llames anarquista
es un traje que jamás voy a portar
hoy sólo quiero abrir las alas y volar
dejar de lado las directrices y la moral

Viviré mi vida como otros quisieran
y desde el rebaño, de reojo observarán
con más envidia que temor
criticarán cada movimiento vulgar
y en su casa fantasearán estar en mi lugar

Consciente estoy de que mi barco naufragará
necesitaré el faro para encallar
el viaje no será eterno
en mi estúpido plan, está volver al hogar
aunque tal vez sea demasiado tarde para recapacitar.