Duda

Anoche no dormí
me asalto la duda
¿será acaso qué la luz se apagó?

En mi espalda solo el silencio
un aire frío quemó los huesos
es mentira que soy eterno.

A la primera ventisca
un calambre en mis alas
detuvo el vuelo.

Imposible fue esquivar
las trampas en el viento
las flechas en los costados.

Cuando por fin
los nudos fueron abiertos
había un rayo de sol.

Desolación

Hay desolación en la entrada principal
el guardián ha sido abatido
las puertas son dos brazos al olvido
la mentira la verdad.

Llegue tarde a la cita
el sol se consumió
abandonó su posición
se fue y no supe que hacer

Siempre confié
ame contra cualquier pronóstico
no supe prevalecer
con un cañón en la cien

Se agito el aire
despeinó mis ganas de luchar
pero no encontré las fuerzas
el caos en su silencio me tomo.

Amargo despertar
con el mundo que gira hasta vomitar
derramé la esperanza de volver
era demasiado tarde.

Para qué he vivido

Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.

Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.

Bertrand Russell

Te extraño

Aún con la música, el bullicio y el mar de gente
nos cruzamos camino a la barra del bar
no sabía que decir, y segura estoy que tu tampoco
sólo nos fundimos en un abrazo
de esos que sabes dar, de esos que me hacían falta
no querías soltarme, temías volverme a perder
no quería que lo hicieras, te había extrañado demasiado
intentaste explicar lo sucedido
pero ya no era necesario
la herida sano, no tiene casó volver atrás
reímos, cantamos y nos embriagamos como muchas otras noches..

Cuando desperté, sólo había sido un sueño!!

La despedida

Sentí mi cara arder, era el sol de mediodía que me golpeaba los ojos con marro y cincel. ¿Qué paso ayer? Una vieja película de acción frente a mi apareció. Luces, féminas y alcohol. Una fábula en la ciudad del amor.

La mancha en mi pantalón no era producto de las caricias de las mujeres que bailan en ropa interior. El sabor de mi boca si era la amargura de olvidar quien soy, quien fui. ¿Dónde estoy? Las paredes de mi recamara no cuentan los momentos de tensión entre mi estómago y la razón. Mi mano herida si, cuando menos la espina clavada me advierte el camino que transité.

Lo que pueda cambiar lo que hice para que la memoria vuelva es poco, la duda en su rutinaria destrucción se encarga del resto. En el espejo un fantasma reprochó mis intenciones, me recuerda las flores derretidas en el pavimento, las luces que se escondieron con la bruma ya no se incendian con un guiño, lo que era un eterno resplandor se consume en un avance del reloj.

Un adiós, es una despedida. ¿Un sueño abrumador? Tuve que pasar por la hoguera, un descuido fue el disparo en la cabeza, y ahora arde el presente, con los labios secos por falta de besos, la piel con resaca, y un dejo áspero en la mirada.